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Aprendamos de las elecciones
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 13 de septiembre de 2007

La ley debería facilitar la existencia de los comités.

Las elecciones siempre son aleccionadoras, abren las compuertas a la expresión de diversos sectores y en algunos momentos polarizan a la sociedad o a las comunidades. La falta de transparencia en algunos lugares ha provocado reacciones, pues como en lo peores tiempos de gobiernos militares que hicieron de las elecciones, una caricatura, los muertos votaron y la duplicidad de cédulas fue un hecho, y en esto tienen grave responsabilidad muchos alcaldes y son aspectos que deben ser investigados y penalizados para que la segunda vuelta transcurra con mayor tranquilidad

Como sociedad padecemos de una cultura de violencia, y hechos mínimos que muchas veces no se les da importancia, son la chispa que provoca el incendio de municipalidades. Además de ello, el vandalismo común aprovecha las circunstancias y hace lo de siempre, provocar el caos. ¿Cuántos de los miembros de los partidos políticos son también responsables de los acontecimientos violentos? ¿Hay dirigentes que su ansia de poder los llevó a exacerbar los ánimos, o sugerir actos ilícitos para lograr votos? La compra de voluntades estuvo presente en todo el proceso e incluso, en algunos lugares de votación se aprovechó la necesidad de la gente. Por eso, si bien es cierto que los augurios eran más graves de lo que sucedió, hay que sentar precedentes para que el ejercicio ciudadano sea de altura, y se utilicen los canales de denuncia y protesta que la misma ley garantiza, y las autoridades deben escuchar y actuar, dándole trámite y resolviendo las impugnaciones serias y fundamentadas que les presenten.

Los candidatos a cualquier puesto de elección, son dirigentes que algún reconocimiento tienen de su comunidad. Por supuesto que hay quienes tienen un pasado negro o forman parte de la delincuencia común o crimen organizado, pero en su mayoría gozan de cierto grado de confianza y deben responder a ella, educar con el ejemplo, ser orientadores y ejercer el papel de dirección que les corresponde como líderes naturales. La vida en la comunidad no se agota en unas elecciones, hay mucho que hacer, mucho que decir y mucho que fiscalizar después de ellas.

Por eso la ley debería facilitar la existencia permanente de comités cívicos e incluso el lanzamiento de diputados por ese medio, pues sirven de vigilantes del quehacer de las autoridades que han sido electas. Los partidos y sus dirigentes, a pesar de que hay que fortalecer el sistema, ya sabemos que son electoreros, parecen azacuanes que pasan por las comunidades cada cuatro años y se largan diciendo que conocen la situación, que les duele y que harán micos y pericos para resolverla.

Fuente: www.elperiodico.com


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