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Al oído de Castresana
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 20 de septiembre de 2007

Que escuche a quienes han sufrido.

Por lo que parece, quienes tienen mucho que decir respecto a cuerpos ilegales y aparatos clandestinos, porque han sido víctimas de su accionar, no tendrán párrafo con el Comisionado de la CICIG para exponerle sus puntos de vista sobre el importante trabajo que tendrá que realizar. Es claro que necesita dar muestras de imparcialidad y que primero son las instituciones que tendrán relación directa y deben contribuir a facilitar el trabajo y beneficiarse de él, pero no se debe descartar que las organizaciones de derechos humanos y del movimiento social en general pueden poner su grano de arena en las investigaciones.

Nos parece muy loable y entendible el espontáneo ofrecimiento del Fiscal General de dar posada a los miembros de la CICIG en uno de los locales del Ministerio Público, pero antes de ello debería limpiarse la casa, sacar la basura del edificio, desconectar los micrófonos y cortar todos los hilos que mantienen los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos; pues en un país como Guatemala las investigaciones deben empezar por la “familia”, que compone todo el sistema de justicia y por las instituciones encargadas de velar por la seguridad ciudadana, pues para nadie es un secreto la podredumbre que carcome a la Policía Nacional Civil (PNC), ni los crímenes e ilícitos en que han participado. Por eso, cuidado con los 20 colaboradores, por muy buenos que parezcan o sean, hay que mantenerlos bajo investigación.

Son grandes los esfuerzos de depuración que ha realizado la señora Ministra de Gobernación, pero aún permanecen agazapados muchos delincuentes que forman parte del crimen organizado.

El señor Castresana debe saber que un prófugo de la justicia y dirigente de un partido neofascista, dice que se mantendrán vigilantes del actuar de la CICIG; quizás pendientes de que los hilos de su investigación que les conduzcan a ellos, se rompan antes de caerles encima y poder seguir actuando con la impunidad que les da la inmunidad de que gozan los diputados, aún cuando sean conocidos delincuentes o genocidas.

Por lo demás, ¡bienvenido señor Castresana! Escuche a quienes tiene que escuchar y ponga oídos sordos a quienes por conveniencia, complicidad o ignorancia, echan pestes contra usted y su equipo.

Lo van acusar de violador de la Constitución y la soberanía, de entrometido e incapaz, y no sería raro que rebusquen información y le saquen trapos al sol. Lo importante es su contribución a todo el sistema de justicia en Guatemala, para que en el futuro cumpla con la función que le corresponde y no tengamos necesidad de recurrir a expertos de otros países.

Fuente: www.elperiodico.com


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