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¿Y el movimiento sindical?
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 27 de septiembre de 2007

No puede seguir guardando silencio.

Cuando una organización histórica como el Sindicato de Trabajadores Bananeros de Izabal (Sitrabi) sobrevive a las embestidas patronales y a la agresión de los grupos paramilitares no hay que dejarlo en paz, sino continuar eliminando a sus miembros hasta que desistan de proteger los intereses de los trabajadores. Ese parece ser el mensaje que dan con el asesinato de Marco Tulio Ramírez Portela, secretario de Cultura y Deportes del Sitrabi y principal dirigente de la sección de la finca Yuma del distrito del Motagua en Los Amates, Izabal. El pasado 23 de septiembre tres criminales lo acribillaron a balazos a unos diez metros de su residencia. A los otros dos trabajadores que le acompañaban no les pasó nada, porque él era el objetivo.

En 1999, un grupo paramilitar allanó la sede del Sitrabi y cercó a los dirigentes del sindicato hasta obligarlos a renunciar. Después de ello continuaron las amenazas de muerte y los obligaron a salir al exilio, donde permanecen varios de ellos. El 20 de julio de este año un grupo de cinco militares allanó violentamente la sede sindical, sometieron a interrogatorio a quienes se encontraban y exigieron los nombres de los dirigentes. No hay dudas, se trataba de miembros del Ejército que llegaron en una camioneta con las placas 0-174BBF, de la Segunda Brigada 004. En la gorra de uno de ellos se podía leer “Moscoso”. Toda la explicación que dieron fue que se trataba de una “operación de Inteligencia” y de un control general a las organizaciones sociales. Presentaron las denuncias respectivas y el 11 de septiembre pasado el ministro de la Defensa Cecilio Leiva les dio audiencia y les dijo que sí habían sido militares, pero que se trató de un error y que aplicaría la sanciones correspondientes. Quién sabe si el asesinato de Marco Tulio Ramírez sea también un error.

El movimiento sindical tiene que despertar. No puede seguir guardando silencio y viendo con indiferencia estos hechos criminales si no quiere que la vorágine de la muerte arrase con los pocos dirigentes y organizaciones históricas que le quedan. Exigir el esclarecimiento de los hechos, poner contra la pared a esa fiscalía que se dedica a perseguir radios comunitarias, y exigir el castigo a los responsables es un derecho y una obligación.

Es el momento de superar las diferencias entre las organizaciones y presentar un frente común contra la violencia en todas sus manifestaciones, porque de lo contrario seguiremos enterrando compañeros, llorando a nuestros muertos, mientras los espacios de expresión y acción se van cerrando, como se cerraron en el pasado.

Fuente: www.elperiodico.com


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