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Se esfumó la computadora
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 15 de octubre de 2007

El Fiscal General no dice ni hace nada.

El Ministerio Público (MP) debe muchas explicaciones sobre hechos de los cuales no rinde cuentas, e incluso no sigue las investigaciones, o las desvían sus eficientes fiscales, quienes más parece están al servicio de la delincuencia y la criminalidad que al servicio del Estado y la sociedad. El colmo de la actitud, negligencia o complicidad de los fiscales es la desaparición de la computadora portátil de Giovanni Pacay, que supuestamente fue robada de las oficinas de ese Ministerio o entregada a alguno de los subalternos de Pacay. Dicha computadora había sido decomisada como medio de prueba y podría dar luces de cuestiones en las que andaba metido el ex militar. Desapareció por arte de magia sin que se deduzcan responsabilidades.

Ya debería haber fiscales destituidos y sometidos a juicio para que entreguen cuentas. Lo que hay es silencio. La computadora desapareció como un lapicero de una oficina, y punto. El Fiscal General no dice ni hace nada y, dentro del MP y en las calles, se habla de la “oficinita” y de la estructura paralela que sigue funcionando en el MP, y de la cual no se ha quitado ni una silla, muchos menos a quienes cumplen funciones de Inteligencia y contrainteligencia, al servicio del crimen organizado y de los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos que siguen operando impunemente sin ningún tipo de obstáculos.

En la época de Portillo surgió en Guatemala una Asociación de Militares contra la Impunidad, que hizo llegar a los medios documentos –con pelos y señales– sobre oficiales del Ejército que, según ellos, estaban metidos hasta el tuétano en el narcotráfico, contrabando, secuestros o ejecuciones extrajudiciales. Entre ellos se describían muchas de las actividades de Pacay que hoy, al salir nuevos datos de las funciones que desempeñó, vienen a confirmar, si no todo lo que dicen, sí su pertenencia a estructuras de Inteligencia y su cercanía con oficiales en activo y retirados que han sido señalados públicamente de participar en el crimen organizado.

Por primera vez estamos de acuerdo con la Asociación de Veteranos Militares, que no tiene nada que ver con la de Militares contra la Impunidad, en que el crimen de Pacay debe ser investigado por la CICIG, lo cual, dicho sea de paso, es la aceptación de la comisión contra la cual echaron pestes en su momento. Si las evidencias o posibles pruebas desaparecen del mismísimo MP, por donde debe empezar el Comisionado de la CICIG, Dr. Castresana, es por los miembros de ese organismo. La computadora de Pacay y su celular valen más que el precio real que tienen en el mercado, sus datos grabados pueden conducir a toda una red que provoca zozobra y que puede continuar cometiendo todo tipo de crímenes. Por eso la CICIG debe investigar este asesinato, pero para aprovechar y desarticular el grupo criminal al que este supuestamente pertenecía.

Fuente: www.elperiodico.com


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