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Quiché no termina el duelo
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 29 de octubre de 2007

Pérez utilizaba el apodo de “Comandante Tito”.

El departamento de EQuiché fue arrasado en los años 81, 82 y 83. Fue la época de los gobiernos de Lucas García y Ríos Montt, a los que fielmente y con entusiasmo sirvió el general Otto Pérez Molina, hoy candidato de la mano dura a la presidencia. Trescientas cuarenta y cuatro masacres documentadas y comprobadas por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico, así como testimonios escalofriantes de víctimas sobrevivientes, dan cuenta de lo acontecido en esa región del país que no ha terminado el duelo, porque aún no ha sido posible exhumar los cientos de cementerios clandestinos esparcidos en municipios y aldeas de Quiché rebelde que sigue debatiéndose en la miseria.

Los testimonios hablan por sí solos: “Cuando el Ejército regresó salió de esa casa, pasaron a decir con mi tío que es el comisionado militar: ‘Mirá, usted, vaya a enterrar a esa gente, ya terminamos una familia entera, esos son mala gente, ya los terminamos y ahora vaya a enterrarlos, hay algunos que no se han muerto todavía, aún se menean, espera a que se mueran, que no estén brincando, y los entierra’. Cuando llegamos, eso sí fue tremendo. Yo no lo olvido, aunque dicen algunos que hay que olvidar lo que pasó, no he podido, me recuerdo… fuimos a la cocina y allí estaba la familia entera, mi tía, mi nuera, sus hijas y sus hijos, eran dos patojas hechas pedacitos con machete, estaban vivas todavía. El niño Romualdo todavía vivió unos días. La que no aguantó fue la Santa, la que tenía la tripa afuera, esa solo medio día tardó y se murió”. Masacre, San José Xix, Chajul, Quiché, 1982.

Uno de los instrumentos desarrollados y perfeccionados por el Ejército para el control poblacional y dentro del programa Fusiles y Frijoles, fueron las patrullas civiles, que se hicieron obligatorias; el que no prestaba servicio era castigado o asesinado, según los testimonios de quienes participaron en ellas y que sienten alivio al sacar lo que llevan dentro y les sigue golpeando en lo más profundo:

“Las patrullas cambiaron la mentalidad de la gente, nos trajeron muchos problemas y mucho dolor, no fue cierto que eran para salvar la vida, sino para matar a nuestros propios hermanos… nos quedó dentro mucha violencia que a veces nos sale… todos estamos enfermos por lo que nos hicieron hacer. Tal vez Dios me va perdonar... por eso he venido a contarlo; si algún día me muero no puedo ir con todo. Se siente bien al contarlo, es como una confesión. Es un gran alivio sacar lo que se guarda en el corazón mucho tiempo”. (Patrullero), Sacapulas, Quiché.

Para todos ya es conocido que Pérez Molina utilizaba el apodo de Comandante Tito en el norte de Quiché, desde donde dirigió buena parte de esta represión, según nos han contado personalmente algunas personas que fueron víctimas en el área ixil.

Fuente: www.elperiodico.com


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