¿Los derechos de quién?
Por Miguel Ángel albizures- Guatemala,
13 de diciembre de 2007
Lo mejor que el Gobierno de Colom puede hacer.
Cada 10 de diciembre se recurre a la Declaración Universal de los Derechos Humanos para proclamar a los cuatro vientos su importancia, y el momento difícil en que los estados del mundo la suscribieron y se comprometieron a hacerla realidad. Después de ello, millares de hombres y mujeres han muerto defendiendo los derechos civiles y políticos, económicos, sociales, culturales, ambientales y hasta el derecho de los pueblos a decidir su propio destino. Guatemala es un cruel ejemplo de ello, porque aquí en nuestro país por siempre se ha criminalizado el conflicto social, y en vez del diálogo o cambios sustanciales en las estructuras económicas y sociales las balas y los gases lacrimógenos fueron los que hablaron después del 54, y a todo lo largo de las décadas de los setenta, ochenta y buena parte de los noventa.
Hoy en día no podemos hablar de avances en aspectos económicos sociales. Aunque los tengamos en índices de desarrollo macro económico, el rezago en ellos es una ofensa a la dignidad humana que abofetea la conciencia ciudadana y pone en evidencia las abismales desigualdades y la poca sensibilidad de los sectores que más tienen, y que se llenan la boca hablando del compromiso social del empresariado sin la disposición de un mínimo cambio en la tributación para la inversión social que permita hacerle frente a las condiciones paupérrimas de la gente en el agro. Los derechos no son humanos ni pueden serlo cuando son de unos pocos, cuando el Estado y quienes lo gobiernan favorecen los intereses de una minoría, cuando para hacer los cambios sustanciales que el país necesita esperan el beneplácito que nunca llega de los que más tienen.
Si algo puede hacer y debe hacer el Gobierno de Colom es voltear sus ojos y recursos al campo y, llueve, truene o relampaguee, apoyarse en los sectores sociales para emprender los cambios que se necesitan y hacer un Gobierno no de los que siempre hemos padecido, sino uno que haga historia porque puso el dedo en las llagas y llevó el sustento del pan, las tortillas, el saber y la salud a millares de personas que, con ojos desorbitados, quieren encontrar la satisfacción de sus necesidades vitales para sentirse plenamente humanos, guatemaltecos y no ciudadanos sin ciudadanía, ni de tercera o cuarta clase, relegados y excluidos de todo en su propio país. Fuente: www.elperiodico.com.gt |