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Enfrentemos el pasado
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 8 de enero de 2013

Con Arenales Forno, el Presidente no necesita enemigos.

Nos debemos preparar para enfrentarnos al pasado y afrontar el presente, pues ambos tienen que ver con el futuro del país en materia de derechos humanos y justicia. La vigencia de derechos inherentes al ser humano tiene íntima relación con el funcionamiento del sistema de justicia, cuya independencia hay que mantener a toda costa, por encima de los acuerdos gubernativos, las decisiones parcializadas de los magistrados de la Corte de Constitucionalidad o los decretos que tiendan a beneficiar genocidas.

Con amigos y funcionarios como el licenciado Antonio Arenales Forno, el Presidente no debe ver enemigos en las calles, pues entiendo que él, el Presidente, quiera beneficiar a sus compañeros de armas y beneficiarse de borrar los hechos del pasado, pero si sigue aceptando sus consejos y los acuerdos que le ponga en las manos, el aislamiento internacional de su gobierno puede ser grave. Uno entiende que el Ministro de Relaciones Exteriores meta las patas, pero que lo haga el jurista, versado en los organismos internacionales, parece mala intención.

Lo mejor de ese mal paso de Arenales es que ha despertado y puesto en alerta a las organizaciones de derechos humanos que veían venir la tormenta, pero no hacían nada, pues hemos escuchado al Presidente y a varios funcionarios negar el genocidio y minimizar los hechos del pasado. Arenales Forno se pronunció sobre ello, y no sería raro que entre la manga tenga también un decreto de amnistía, pues según ellos, en Guatemala no se dieron crímenes de lesa humanidad ni las desapariciones tienen vigencia en el tiempo.

Por suerte, Arenales no deja que las organizaciones se “duerman en sus laureles” y que a partir de ello estén “ojo al cristo” de las maniobras que se puedan seguir dando para desconocer la jurisdicción de la Comisión y la Corte Interamericana y para evitar la contribución de ambas a los esfuerzos de la sociedad para lograr la reconciliación en el país, por medio de una verdadera reparación y resarcimiento que lleva implícita la aplicación justicia. Si algo hemos aprendido del pasado es la importancia de proteger y garantizar el ejercicio de los derechos humanos, por eso no debemos permitir ninguna medida que los vulnere y restrinja, porque la única forma de avanzar hacia un Estado incluyente y en paz es garantizando su plena vigencia.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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