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Por la verdad y la justicia
Por Miguel Ángel Albizures - Guatemala, 2 de julio de 2013

Nos recuerda que Barrios regaló a México, Chiapas y Soconusco.

Memoria, verdad y justicia, fue una vez más el grito de los hijos de personas detenidas desaparecidas o asesinadas vilmente, como el caso del sacerdote Hermógenes López, por quien se instituyó el 30 de junio como el Día de los Héroes y Mártires. Muchos de ellos y ellas, eran mocosos en aquellos tiempos, pero no borran de su mente los momentos trágicos que vivieron, leyeron o les contaron quienes por suerte sobrevivieron a esos años feroces de persecución. A ellos se debe que no veamos hoy, en el centro de la ciudad y frente a los niños, a los kaibiles desfilando y despedazando una gallina con los dientes.

Por su parte, el Gobierno, el Ejército y los asimilados, con todo derecho, mantienen en la memoria la figura del general Justo Rufino Barrios, por la fundación de la Escuela Politécnica o el establecimiento del Estado laico y otros hechos que pueden atribuírsele al dictador y reformador que gobernó el país con estados de excepción para silenciar a la oposición de aquella época. Conscientemente se olvidan del mariscal Serapio Cruz que sentó las bases para que García Granados y Barrios, lograran derrotar a Cerna y asumieran el poder. Pero no podemos quedarnos en eso, porque la historia nos hace recordar y nos pone frente al gobierno despótico de Cerna que exhibió la cabeza de Serapio Cruz (Tata Lapo) en Palencia y en la plaza central de la ciudad, mientras que nos recuerda que Justo Rufino Barrios regaló a México el territorio de Chiapas y Soconusco, y se puso al servicio de la oligarquía guatemalteca, despojando a las comunidades indígenas de sus tierras y dictando leyes, como el Reglamento de Jornaleros, y obligándoles al trabajo forzoso en las grandes haciendas.

Por eso cuando hablamos de la memoria y de la verdad, que son inseparables de la justicia, estamos hablando de los hechos bestiales que acontecieron, de la recuperación de la historia sin tergiversaciones y de la necesidad de la justicia, no solo a las comunidades que fueron y siguen siendo despojadas violentamente de sus tierras, sino a los hijos y a los familiares de quienes fueron detenidos desaparecidos, o ejecutados violentamente en las calles de la ciudad, las aldeas, municipios y departamentos.

El camino que nos conduce a la conciliación, pasa por esa bandera que hoy levantan los hijos y que también levantarán sus nietos: Memoria, verdad y justicia, hasta tanto no seamos capaces de enfrentar nuestra trágica historia y asumir la responsabilidad que a cada quien compete. Podemos decir cualquier cosa del comportamiento, la rebeldía y la resistencia de la juventud, pero no podemos, ni debemos intentar silenciarla.

Fuente: www.elperiodico.com.gt


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