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La tournée y regreso del conde de Nava
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 31 de marzo de 2005

Una de estas madrugadas (me parece que de sábado) aunque no podría asegurarlo porque a veces duermo de día y trabajo muy temprano de mañana, leía en un librito de Francisco Umbral, titulado "Memorias borbónicas" (supuestamente novela) el siguiente párrafo: "la otra noche en casa de la duquesa de San Marcial asistí a un espectáculo de irracionalismo y necrofilia que me hace temer una vuelta de las clases aristocráticas (cualquier parecido con Guatemala es pura casualidad) con todo y monarquía, quizá, y al viejo fundamentalismo (como quería Ríos de sangre) anterior incluso a franco." (Naturalmente los entre guiones y entre paréntesis son míos).

El asunto de esta novela lo hace iniciar Umbral por aquellos días medio claros, medio inciertos --de la transición-- en los que Suárez (ahora duque) hacía malabarismos para quedar bien con Dios y con el diablo. Y los comunistas --como el alcalde Tierno Galván-- cenaban con curas como Jesús Aguirre ex s.j. (consorte de la De Alba) y desde luego con ella, que Umbral la "pone" en su novela con el título --como he dicho arriba-- de duquesa de San Marcial. Novela donde los marqueses conviven con travestíes, con toreros de tronío y también con cantantes conocidas como la Antonia Abad, alias Sara Montiel.

Y aquellos días medio claros, medio inciertos se están pareciendo cada día más a los nuestros aycinenistas, pero los nuestros filmados, desde luego en el parque Jurásico (por lo atrasados que estamos incluso en cosas de aristocracias), con una pátina más naif tercermundista de Comalapa y sin ningún título nobiliario (como no sea el de marquesa de la Ensenada y marquesa de Vista Bella), pues el de Aycinena se perdió porque los titulares no pagaron los abonos o letras a la Corona. No obstante muchas familias guatemaltecas cometen el ridículo de hacerse descender de condes y marqueses españoles y cuando Miguel Ángel Asturias Rosales obtuvo el Nobel, no faltaron chapines de fustán con picos que a como dio lugar, lo emparentaron con los Álvarez de las Asturias en línea directa y por lo tanto con el conde de Nava, de sangre real (bueno, toda sangre es real y no surrealista). Lástima que esta hipótesis de calleja, ya Miguel Ángel no la supo, pues se hubiera muerto de la risa, ya que sabía perfectamente que muchos de sus detractores (que envidiaban su talento) afirmaron haberlo visto "tirado" en alguno de nuestros callejones cercanos al trasero de Catedral. A la que sí le hubiera encantado saber ese chisme (hace 40 años) habría sido a Blanca de Mora y Araújo (con tilde en la u) segunda señora de Asturias Rosales, honorable familia de por La Candelaria y La Parroquia.

Y repite Umbra (señalando un peligro que medio ha ocurrido en España): "Una vuelta de las clases aristocráticas --con la monarquía más vertical de Europa, dicen-- y al viejo fundamentalismo anterior incluso a Franco". Lo cual, en cierto parangón, que se podría establecer con el parque Jurásico de Guatemala (de bombásticos apellidos como Arzú (?) o Berger, si no somos demasiado exigentes) podemos ensamblarlos con el viejo fundamentalismo guatemalteco incluso anterior a Castillo Armas.

Esta excluyente nobleza (¿de dónde?, pero digamos que sí (pues es a los que llamo aycinenistas) es lo que se huele en la "nouveau" Guatemala, mezclada con los ricos empresarios que, por ricos, se las dan de aristocráticos. Y de pronto si seguimos con esta paranoia de sangres azules no faltará quien diga que desciende de los reyes de Oviedo y de don Pelayo y que por eso y por sus billetes --lavados con Ace-- merece la presidencia de la República. Naturalmente a ellos y con ellos se mezclan --en los clubes-- los nuevos ricos militares (no hay militar que no tenga finca) coreanos maquileros, chinos, suramericanos y hasta gringos de reciente arribo y con la "novedad" de narcotráficos y demás bellezas que les cuelgan como sambenitos.

Tras el trastumbo y zancadilla de Jacobo Arbenz, que salió en calzoncillos y no con los pies para adelante como el ¡admiradísimo! Salvador Allende, entró --invasoramente-- Cyrano de Bergerac, sólo que sin la poesía y el corazón de tal personaje.

Al principio de los años cincuenta no se veía bien que los señores (de vidas y haciendas), considerados "grandes de Guatemala", pero que se sentían superiores a los "grandes de España", fueran gobernantes del otrora Reino de Guatemala. El último de ellos (y su señora) que se creía muy finolis y se sentía un criollo de rompe y rasga (ya en moto, ya a caballo) fue Jorge Ubico, uno de los que podrían haber inspirado a Severo "La patria del criollo". Sin embargo sabemos que el personaje histórico del asunto es don Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, descendiente de los fundadores del reino.

De modo que hicieron reinar a un vicario/procónsul/testaferro, el coronel Carlos Alberto Castillo Armas (cuyas iniciales los muchachos del "Honorable" se dieron cuenta que se escribían así: C.A.C.A y "las familias" --con la colaboración de sor Pijije y Castillo-"las familias" llamaba don Ramón A. Salazar a los aycinenistas de su tiempo, fueron --de nuevo-- y poco a poco restaurando --gracias a la liberación y sus marqueses-- el "antique régime", inspirado en el general Ubico y sus besa manos, sólo que con connotaciones fundamentalistas --que Ubico no tenía-- porque monseñor Rossell y Arellano (¿que no sería también Álvarez de las Asturias, a ver quién hurga en su pedigrí?) se metía en todo y fusionaba Iglesia-Estado. Ubico era liberal y anticlerical, pero duque de Retalhuleu donde fue gobernador...

Y fundamentalistas nos quedamos (a veces más, a veces menos) incluso con gente de sangre nada azul sino color chile chiltepe y él (Ríos) y sus antecesores y sucesores tratando recular, de ayceninizar Guatemala, es decir, de volverla más excluyente. Por eso los del Nobel le dieron su guantazo a los chancles guatemaltecos concediéndole el Nobel de la Paz no a doña Elisa sino a Rigoberta de Menchú y Tum.

Sin embargo de tal manera se le subió la psicosis de gobernar a la pequeña pero sobre todo a la alta burguesía, que lograron echar a los militares (aunque en realidad ellos son tan listos que fingieron que se iban pero en el 2005 siguen mandando ¿verdad, doña Ninette?) Pero cambiaron las cosas --con la venia de los gringos-- y se volvió a vivir "La recordación Florida" en su versión de la Terminal.

Dizque se marcharon los grandes cachuchas (mientras la moda ahora es que las grandes sotanas se finjan hermanos Pedro/Evangelio de la Liberación, luego del fallecimiento de sor Cotuzo, alias Mario Casariego y entraron tres civiletes: Cerezo, Serrano y De León (con más ambición de riqueza que de vergüenza) y terminaron de consolidar ¡pero ahora sí! al divino CACIF, donde se concentra la "creme de la creme" del aycinenismo genuino y falso.

Así las cosas y como dirían los historiadores de Indias, ¿por qué, en su día, no poner y entronizar, de una vez y por todas a un legítimo súbdito de la "Patria/reino del criollo"? Fue de esta manera como, finalmente, se produjo la asunción de su alteza real don Álvaro Álvarez de las Asturias Arzú e Irigoyen, quien ya vino directa y claramente a representar, sin antifaz de generalísimo ni de "manu militari" --aunque ellos siempre atrás del trono-- a la mera macolla de los criollos, al señor de "las familias", a la nobleza de Guatemala (eso es lo que ellos se "creen") sin el liberalismo de Ubico o Tata Rufo, sino con el deformadísimo neoliberalismo del Musso, que es el neoliberalismo y las concesiones de "somatemos" toditito lo que sea del Estado y comprémoslo --de alguna manera y en monopolio, aunque el neoliberalismo prohíbe los monopolios-- nosotros mismos y así seremos los únicos reyes (recontra excluyentes) de la Capitanía General del Reino. Concretemos las acciones (nuevamente) que Severo Martínez describe en "La patria del criollo", sólo que bajo otra clave y estrategias.

El desenlace de todo esto es la dorada y masiva presencia, en el más elegante de los palacios del universo: "el guacamolón", de los "neo-neo aristócratas neoliberales" (que lo son sólo cuando les conviene quedarse con los bienes del pueblo) palacio de renovados capitanes generales y encomenderos y mezcla de todos los estilos habidos y por haber, para poner de bulto el peor eclecticismo de los criollos que suspiran por cortijos, torres del oro, azulejos por doquiera, fuentes moras y giraldas.

Ha entrado la cultura de la "vendedera", la "somatadera" y la "concesionadera", con un TLC que es obvio que favorecerá más al tiburón que a la sardina.

Los gringos muelen lento, pero fino.

Fuente: www.lahora.com.gt

 

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