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La instrucción como puro comercio
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 2 de abril de 2005

Nunca, como hoy, habíamos estado bajo la signatura del dinero. Nunca, como hoy, la persona vale por lo que tiene en el banco y no por lo que ha acendrado en su cerebro, nunca, como hoy, la estulticia --de que hablaba Erasmo-- se puede ver tan de bulto en las masas adineradas, en los gobernantes y en los grupos de élite y de poder.

Gracias al capitalismo y al neoliberalismo, ganar un buen sueldo y tener para invertir en la sociedad consumista, se ha convertido en lo más importante. El bien más alto es ser el propietario de una empresa, ser empresario. Hasta los años 45 y 50 de este siglo (en Guatemala, y aunque el dinero nunca ha estado de más), el valor más alto era ser un eminente médico (como el Dr. Carlos Federico Mora), ser un profesor universitario respetable (como el Dr. Carlos Martínez Durán), ser un escritor o un periodista con enjundia, como David Vela o César Brañas. La gente tenía honor y honra. Hoy le gritan a la cara ¡ladrón! a un corrupto, y ello viene siendo casi un elogio. Pienso en todo esto al ver que la educación se ha convertido en una suerte de deleznable comercio, que algunos o muchos desean privatizar no para mejorar su "nivel académico", sino porque colegios de los tres niveles, y las universidades, se han convertido en pingüe negocio y nada más.

Pero ¿qué aprenden y aprenderán los estudiantes en esta laya de establecimientos? Aprenden, de nuevo, que el máximo valor es el dinero y no el crearse una inmensa riqueza interior. De modo que los estudios y carreras de mayor demanda son la administración de negocios, los "misterios" de la computación y el aprendizaje del inglés, desde el punto de vista comercial, no del inglés de Marlowe o de Joyce… Luego vienen otras prefesiones rentables y, por último, las humanidades. Hemos olvidado al hombre deslumbrados por el oro. Por lo tanto nos convertiremos en bestias. Hay algunos frescos que sin inmutarse preguntan ¿y para qué sirve la filosofía?; esa es carrera para haraganes, sin saber que sin filosofía no habría ciencia, ni metodología científica ni propulsión de la técnica ni política.

Cuando toda la educación se haya privatizado en Guatemala, lo que estoy describiendo se enfatizará, porque quienes adquieran (mediante el acuerdo ministerial 484) los institutos nacionales --por ejemplo-- de plano que no serán educadores, sino personas adineradas e inmersas en el mundo de los negocios. Toda la educación se dirigirá, entonces, hacia la imbecilización de mundo de lo práctico, Guatemala se convertirá en la mejor imitadora de EE.UU. y poco a poco la cultura nacional y el espíritu de las humanidades irá agonizando y olvidándose.

Por eso es que la educación nacional no puede ni debe estar en manos privadas, controlada y coordinada por ellas. Debe estar en manos de un Estado (no policíaco sino infinitamente tolerante) que tenga el sentido común de reunir y pagar a los más brillantes educadores, humanistas e intelectuales del país (cosa que jamás harán los comerciantes de la educación) para que sean ellos los que diseñen las políticas educativas y culturales que den a Guatemala no un gran desarrollo económico, sino un inmenso desarrollo humano.

En rigor, en lo que se convertirá la educación nacional, por la vía que la vemos ir, es en información útil, pero no en educación ni menos en cultura. Esta será una tragedia peor que aquellos famosos 34 años de enfrentamiento armado interno.

Fuente: www.lahora.com.gt

 

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