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¿Discriminación racial o socioeconómica?
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 2 de septiembre de 2005
malbertocarrera@turbonett.com

La pobreza y la miseria (o sea la calidad de menesteroso y miserable: que vive "en donde habita el olvido y que son los sin voz") crece en Guatemala a un ritmo de 70 mil pobres cada año, en vez de decrecer. Sólo el 15 o el 20% de los habitantes de este país son los dueños de toda la riqueza; fincas, fábricas, grandes "moles" y todo esa parafernalia satánica que nos OBLIGA a consumir a quienes todavía no pedimos limosna.

Aunque la Real Academia (a la que tengo la obligación de respetar por ser individuo correspondiente de ella) acepta, como centroamericanismo, la voz ladino para identificar al mestizo de indígena con español (y/o negro), yo prefiero emplear la palabra mestizo por las razones que más adelante se verá.
El mestizaje es aculturación y aculturación significa: recepción y asimilación de elementos culturales de un grupo humano (etnia) por otro.

Si partimos de esta teoría (que no hipótesis) el mestizaje y la aculturación se inició desde el momento de la Conquista incluyendo desde el cruce de sangres hasta la adopción de la religión, el Estado y el Gobierno a la española (y demás hierbas que, por sabidas no hay para qué mencionarlas). Conviene entonces dejar bien claro que Guatemala no es un país integrado --en su mayoría-- por indígenas (dizque mayas) y ladinos. Sino por mestizos (ricos y pobres) y por unas cuantas familias criollas (estirando mucho la voz criollo y no siendo rigurosamente apegado a la semántica), y por etnias extranjeras (de reciente arribo) que van desde coreanos (con sus maquilas de terror) hasta la nueva llegada de las carabelas con la Telefónica. Los que se creen criollos (hay que subrayar esto) son los que, delirantemente, se creen y se sienten nobles, emparentados, con la aristocracia de sangre --de primera o de segunda clase--y algunos insisten psicóticamente en decir: "Nos no venimos de reyes, que reyes vienen de nos", como los descendientes del Conde de Nava, aunque este emblema no aparezca en su escudo sino en el de Valle Inclán y otros alucinados. Como se ve, no soy nada monárquico.

Puedo --sin temor a equivocarme por las aclaraciones y salvedades puestas arriba-- que los indígenas no lo son en estricto sentido, sino que son mestizos. No hay dizque maya que no esté aculturado. Sobre todo, hoy en día, el varón. Usan instrumentos o máquinas y camiones (si es un indígena rico de Quetzaltenango, p. eje.) último modelo y hechos en Europa y Estados Unidos. Machete Collins. La piedra de moler ya casi no se emplea. Se usa molino casero o el maíz se lleva al molino industrial de la comunidad. Acuden a médicos y medicinas y hospitales como cualquier hijo de vecino. Se trepan en camionetas y trenes. Y, si usted va al aeropuerto La Aurora, verá cuantos descendientes de Tecún (según el mito de Fuentes) se suben a un avión sin inmutarse en lo más mínimo, con su caja de pollo Campero (propaganda gratis, Dionisio).

Por otra parte, en lo que llamamos la alta sociedad no todo el mundo es blanco, rubio y de ojos azules o verdes. Ni miden, tampoco de metro setenticinco u ochenta para arriba. Conozco a multimillonarios chapines de la jet set (incluso internacional y muy "vips") que son de pelo lacio y abundante como para mecapal, más bien enanos y tan morenos o más que doña Rigoberta Menchú y con la llamada "cara de luna llena" y los ojos casi tan rasgados como los orientales y de biotipo pícnico. Y estos señores medio indios, medio hispanos o medio negros (en el resto de Centroamérica se da mucho más el tipo negroide) iban antes a nuestro máximo centro social (el Club Guatemala) y hoy pertenecen a los Rotarios, juegan golf en el Mayan, tienen helicóptero, son dueños de bancos e inmensas haciendas y los criollos que se creen de la nobleza (real) los reciben en sus mansiones.

Lector: Para mí sólo hay discriminación racial, exclusión y desprecio cuando el supuesto indígena (que ya no lo es porque está aculturizado, sobre todo los que tienen incluso un título universitario y lo ejercen en una sociedad globalizada y occidentalizada) cuando el supuesto indígena es pobre. Pero igual desprecio recibe un pobre de Zacapa o el Jícaro, por más pelo castaño que sea y acaso hasta ojizarco.

Que se reparta más equitativamente la riqueza y se abran los caminos a la educación para los pobres. Y así, los autollamados mayas aculturizados de aquí, llegarán a ser Condolezzas Rice o negros y latinoamericanos dueños de bancos, ministros de Estado, alcaldes de Miami.

Pero eso está por verse. Acaso ocurra en el año 2050, cuando revoluciones --como la cultural de China-- logren darle vuelta a la tortilla. ¿Cuando Dios mío será?

Fuente: www.lahora.com.gt - 010905


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