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La socialmente inmóvil Guatemala
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 10 de septiembre de 2005
malbertocarrera@turbonett.com

Es casi seguro que de los países centroamericanos sea Guatemala "modelo" de unas "virtudes" tan pasatistas (en Semana Santa puritanas) y en general moralmente provincianas, sobre todo en ciertos estamentos, que sólo puede comparársele con las ciudades de ficción (Orbajosa y Vetusta) inventadas el siglo pasado por Pérez Galdós y Clarín con el fin de presentar (a sus hipócritas y de doble moral) personajes de Doña Perfecta y la Regenta.

Ellas representan -ahí sí que literalmente- el fingimiento, la simulación, el doblez, la mojigatería y la gazmoñería de tantos y tantos guatemaltecos. El centroamericano (no guatemalteco) es más descomplicado, más él y más cercano a la frescura de la naturaleza: francote.

La moralina nos viene de la Colonia. Quizá porque fuimos el bombástico Reino de Guatemala. Por eso al indígena se le llamó NATURAL. Las mujeres se bañaban y se bañan en Cahabón mostrando sus senos y, los hombres, como el Señor (que también es natural) los envió al mundo.

El pecado vino en las carabelas y más tarde en las siguientes barcazas y hornadas que poblaron para nuestro mal -que no conocía las faltas al pudor-. Otros dicen que para nuestro bien porque trajeron la "civilización" y el progreso. No todo progreso es adelanto. La bomba atómica fue un progreso en los experimentos y teorías que se hicieron en torno al átomo, pero no dicen lo mismo los descendientes de quienes habitaron Hiroshima y Nagasaki.

El pecado vino en compañía de la ratas en el fondo de las carabelas, galeones y más tarde ligeras goletas cuyos ocupantes y curas doctrineros, creían que mantener las "apariencias" y fingir lo que no se era (e infligir castigos como el de la Letra Escarlata), era muy importante para la convivencia social y las relaciones interpersonales, como ahora se dice.

La clase más histriónica -en el sentido de ponerse la oscura máscara que se clavaba Doña Perfecta o el Magistral en la Regenta- ha sido la de los que han creído que dar limosna es bueno y pan duro, mejor. Éstos fueron nuestros hidalgos que, hasta hace poco tiempo se hacían llamar tales o algo parecido, y que en lugar preferente de sus casas colocaban su escudo de armas (tomar) y que han querido (todavía) en Guatemala, probar pureza de sangre, mediante árboles genealógicos, más exagerados e ilusos que las novelas de caballería y que inspirados en ellas más de algún orate/compatriota se sigue creyendo de sangre azul, como la tinta de las plumas Parker.

Curiosamente las perversiones sólo se las han permitido los miembros de la aristocracia y no digamos de sangre real. La alta sociedad guatemalteca, de cara a la latinoamericana, (fenómeno sociológico que debiera ser examinado por un entendido en la materia) desde la Colonia a nuestros días, ha sido pecadora y encubridora de sus sacrílegos actos. Lo más importante para ella ha sido "El discreto encanto de la burguesía". Velar, callar, disimular el escándalo, sobre todo el que se refiere al tema sexual. De Vinicio Cerezo a nuestros días (y ya antes, con la dictadura militar, que se hizo millonaria) las cosas han cambiado un poco, pero a escala de lo económico: "La vergüenza pasa y el dinero queda en casa". Además, hasta ahora en ese reglón, los que pagan el pato son los Abadía o los Sandoval que nos son precisamente descendiente de la duquesa de Alba. Ni tan siquiera de la "nobleza de segunda" (así se clasificaba) como los marqueses de Aycinena, cuando eran de Guatemala. Lo de la corrupción económica debe ser más complaciente porque los que llegaban en las carabelas eran unos ladrones sinvergüenzas, escoria y parte del arroyo de la Madre Patria. Advierto que mi familia Carrera llegó a fines del S. XIX.

La prueba de lo que digo es que casi no se censura a don Cucufate porque cuando estuvo de "vista de Aduanas", aquí en la Aurora, hizo sus centavitos; pero cuando se murmuró -allá en una de las zonas de Mixco- que la Micaela la había desflorado el Segismundo ¡entonces sí que se armó la de Dios es Cristo!

Pobre Guatemala que, con su extracto de moralina, defiende a sus corruptos y "acusa a la mujer sin razón", sólo porque se desprendió de un pedacito de piel inútil.

Pero todo esto son cuentos de hadas encarado al mundo hiper mafioso de las maras, mundo que acaso nos devore tarde o temprano y no nos dará tiempo de decir ni ¡pío!

Fuente: www.lahora.com.gt


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