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¿Por qué sólo durante los desastres (naturales) se acuerdan los ricos de los pobres?
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 14 de octubre de 2005
macarrera@turbonett.com

Me he reído --no sin cierta amargura-- de toda la parafernalia, de toda la mascarada, de todo el aprovechamiento demagógico, de todos los montajes sentimentales (estilo Venevisión) que sobre todo los pudientes (económicamente) respaldados y dejándose hacer la corte por locutores de televisión (algunos extranjeros que vienen a caer a Guatemala "con los pies parados" y sin méritos) y otros nacionales (quienes dicho sea de paso patean el español), han ido a montar, sobre todo a los canales de televisión, porque allí se ve uno de cuerpo entero, luce sus prendas (modestas pero muy elegantes por el duelo) y sus joyitas, con un desenfado que verdaderamente no tiene calificativos ni adjetivos negativos para jerarquizarlos.

Tuvo que llegar el terremoto del 76 (ya tenía yo 34 años y con lo águila que he sido me daba cuenta de todo, sobre todo de los negocitos del Ejército medrando con la miseria ambiente.) Tuvo que venir el Mitch y ahora el diabólico y estigmatizado "Stan". Conviene decir que yo fui el primero en preguntarme (en esta columna) si "Stan" era castigo o no y luego me imitaron en radio y televisión, sin reconocer créditos, digo que tuvo que venir el "Stan" con su fuego acuoso, con su humedad hirviente, con su lluvia de fuego, para que los señores riquitos, para que los señoritos satisfechos y para que los AYCINENISTAS se dieran cuenta de que hay un pueblo PERMANENTEMENTE en el averno del hambre ¡frente a sus ojos!, a veces en covachas, cercanas a las palaciegas mansiones...

Todo el mundo sabe que soy un demócrata y que en otros tiempos (no limité en células comunistas, pero simpaticé con ellas) y es por eso que escribo este "yo acuso" (guardando las debidas distancias) para decir que hace sólo unas seis semanas aquí se hablaba de una inminente explosión social si las cosas de la canasta familiar y la canasta alimenticia, el alza al precio de los autobuses y la explosiva escalada de precios (de toda clase de productos) se estaba disparando al cielo (pero espero que no al cielo del Señor.) ¿Y que hacían los AYCINENISTAS mientras tanto? Defender con las uñas los millones de millones de dólares que poseen (porque en este país el 15 por ciento es dueño de toda la riqueza del mismo, con una avaricia que da terror) y afirmar, basándose en teorías que se imparten en flamantes universidades de AYCINENISTAS y señoritos satisfechos (y hasta el mismo presidente Berger, de quien fui compañero en la Landívar cuando no había Marroquín) que subir los salarios es IMPOSIBLE, porque por la ley de la oferta y la demanda inmediatamente se multiplicaría el desempleo (los pobrecitos señoritos satisfechos ya no tendrían con qué pagar a sus criados que --dicho sea de paso-- les contratan por escrito o a la palabra (esto último es lo más corriente porque así no hay prestaciones que pagar al "cholero") y que los productos en general subirían porque el empresario tendría que resarcirse del aumento salarial, cargándoselo al "consumidor final".

El estallido social se pregonaba y yo publiqué un artículo dirigido al Procurador de los Derechos "inhumanos". Indicándole (porque él era uno de los que más hablaban de la inminencia del estallido) de que ya estabamos dentro de su implosión y porque ese mismo día hubo protestas frente al Palacio de la "incultura" y una manifestación magisterial, porque es algo insólito (no inaudito porque estoy escribiendo y usted leyendo) que un maestro de educación primaria entre ganando, al ministerio de "Desinstrucción" (donde la señora Aceña promueve el neoliberalismo), la vergonzosa suma (vergonzosa para el Estado) de unos Q 1,600.00, mismo sueldo que se puede ganar una cocinera de La Cañada que, además, recibe casa, comida, uniformes y tiene televisión en su recámara...

¿Por qué hace sólo seis semanas al señorito satisfecho le venía "di piu" y se pasaba por el "Arco del Triunfo" a todos los pobres (los mismos que hoy han muerto soterrados) y a la mayoría (hoy) en la calle, sin casa? ¿Por qué, entonces, hace seis semanas, la "troupe" de animadores (que no son más que locutores) de televisión y que la gente toma como modelo del español (para nuestra desgracia), no clamaban por estos miserables cuyas viviendas de lodo, adobe, bajareque, cañas y láminas se llevaron más pronto los deslaves y avalanchas?

¡Por qué los AYCINENISTAS señoritos satisfechos se negaban dura y avariciosamente!, a conceder un centavo de aumento a gente que cada mes acumula un déficit de mil quetzales, si hacemos la comparación entre lo que ganan y lo que cuesta la canasta familiar. ¿Por qué, entonces, Óscar Berger no ofreció una mayor subvención al pasaje urbano y así evitar muertes (porque siempre que se da este caso brotan cadáveres) sobre todo de lo que ahora se llaman maras, que están saliendo, brotando y reptando desde los barrancos acaso para cobrarse lo que les debemos desde hace 500 años?

Lo que están haciendo ahora (aprovechando la trágica coyuntura) tanto los señoritos como las damitas satisfechas (?), es aprovechar --como diría más de algún psicólogo por allí-- para disminuir o coagular sus sentimientos de culpa. Como lo hacían las damas de sociedad que aparecen en "La Regenta" de Clarín. O como, en tiempo de "El Lazarillo de Tormes", la gente compraba o daba limosna para adquirir bulas. Estas bulas les garantizaba una poltrona mejor que las que usa la reina de Inglaterra o el rey de España, para contemplar, eternamente, la gloria de Dios.

AYCINENISTAS: No se acuerden de los pobres sólo para presumir de que "el pueblo de Guatemala se ha volcado sobre las miserables víctimas y se han HERMANADO (ja, ja) con ellas en estos momentos de tragedia." Acuérdense siempre de ellas y no les nieguen lo que ya prácticamente no tienen, porque el estallido ya no explotará de "Stan", sino de los barrancos donde viven las maras, a las que lo mismo les da vivir que morir. Tal es el grado de depresión que padecen.

Fuente: www.lahora.com.gt - 131005


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