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La anunciada distopía Donaltrumpista -en la premonición de George Orwell- y su novela política "1984"
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 8 de febrero de 2017
marioalbertocarrera @gmail.com

Entré, lector, a finales de los años setenta al Sanborns de los Azulejos –en Madero- para almorzar y después de hacerlo, dispuse hacer la siesta en la librería del mismo comedor. Y de pronto –acaso condicionado subliminalmente- un libro de los estantes saltó a mis ojos. Este que me propongo comentarle porque hace el retrato de un dictador potencial –Donald Trump- sin que Orwell –su autor- tuviera la menor idea de que tal Presidente iba a tornarse de bulto en 2017, pues él murió en 1950.

El libro se titula “1984” –lapso en el que transcurre la narración. Su autor es -como he comenzado a indicar- el inglés George Orwell, seudónimo de Eric Blair, nacido en 1903. Más conocido, acaso, por su librito “Rebelión en la Granja”. Soy muy puntual en la presentación de la cronología (es decir, de los años) porque es de capital importancia para entender la teoría política que esta novela pregona, tal vez como lejana reencarnación, en otro sentido, de la también novela política “Il Gattopardo” del palermitano Príncipe de Lampedusa. Sí, el del manoseado gatopardismo…

Me empuja a recensionarla, asimismo, una breve nota aparecida en elPeriódico (27 de enero de 2017) titulada “Trump resucita a Orwell” y que en su línea final informa y afirma que, “La llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos, a provocado que el libro ‘1984’ –publicado en 1948- esté entre los más vendidos en Europa y América, en las últimas semanas”.

Desde finales de los años setenta –lector- en que adquirí el libro, en el viejo y entrañable centro histórico de la Ciudad de los Palacios, he comentado y criticado “1984” en largos ensayos, así como en decenas –sin exagerar- de columnas periodísticas. También “Il Gattopardo”. De modo que, por lo que a mí toca, estas obras han tenido propaganda y difusión en Guatemala. Aunque ya sé, desde luego, que, si nuestra oligarquía es hermana del despotismo ignorante (que no Ilustrado) también es verdad que la pobreza de la clase media le impide instruirse mejor y la clase baja no sabe ni leer ni escribir por más que CONALFA diga lo contrario. Pronto le hará compañía al hijo de Geppetto.

La novela política “1984” cuenta las vicisitudes y avatares de una distopía, que es lo contrario de una utopía, en la que un colosal dictador oligopólico: el Big Brother, se adueña hasta las raíces de un pueblo de pueblos –como hoy Estados Unidos con sus parcelas y finquitas satélites- mediante procedimientos cibernéticos y digitales que en el año de 1984 aún eran incipientes.

La intuición de Orwell nos deja pasmados al suponer y presuponer a un Donald Trump, a la cabeza de tal imperio, aún sabiendo que la juventud de Orwell transcurre durante y después de la I Guerra Mundial; y su temprana madurez, durante y después de la Segunda conflagración. Tiempos que le permitieron conocer muy de cerca -y en la grotesca intimidad de ciertos momentos europeos, desde su natal Londres- las tenebrosas y satánicas figuras de Adolfo Hitler y de Josep Stalin. Se ha afirmado hasta la saciedad –en la inmediatez mediática de hoy- que, de Hitler, será flamante sucesor el recién inaugurado Presidente estadounidense: un Hitler/Trump.

En la distopía de Orwell (opuesta, por lo mismo y por ejemplo a “La República” platónica) se pinta un enorme mural de la antidemocracia, polarizada en tres únicas, grandes y absolutas potencias mundiales. Igual o similar a la que se vaticina en 2017: Rusia y Estados Unidos contra China, que podría desembocar en la III Guerra Mundial. Acabose y holocausto de toda la Vida sobre el planeta, aunque el mundo seguiría, indiferente, rodando, volteando y vuelteando… Tal vez sólo poblado de cucarachas y virus ¡más inmortales que la Ilíada y la Odisea juntas!

En el imperio del Big Brother, telepantallas y cámaras veían y controlaban omnipresentes y omnipotentes -como el ojo del Padre Eterno- para adoctrinar políticamente y señalar -con su larguísimo dedo índice- lo que se ha de hacer y no hacer, para bien de la patria. Hoy todo esta distopía orwelliana será trasladada a nuestro 2017, corregida y aumentada gracias a Internet y al maravilloso twitter que emplea a diestra y siniestra el melenudo Donald. El nacionalismo y el seudo populismo trumpista nos vendarán los ojos para el conocimiento de la verdad, pues la verdad será siempre la que nos digan que lo es, sin cuestionar al Big Brother que todo lo hace por nuestro bien. Los antivalores xenófobos, el racismo o el misoginismo y la contaminación mundial serán los “valores” de la nueva era de Trump.

Caeremos –como en la novela “1984”- en el laberíntico mundo del “doblepensar”: Saber y no saber: hallarse consciente de lo que realmente es verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas. Sostener simultáneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer, sin embargo, en ambas. Emplear la lógica contra la lógica. Repudiar la moralidad mientras se recurre a ella. Creer que la democracia es imposible y que el Partido es el guardián de la democracia. Olvidar cuanto fuere necesario olvidar y, no obstante recurrir a ello. Volverlo a traer a la memoria en cuanto se necesitara y luego olvidarlo de nuevo.

Este es el abigarrado aquelarre satánico que nos pinta Orwell, acaso predibujando el croquis mental y los planes nacionales y mundiales que se propone Donald, desde la capital del imperio todavía más fuerte que conocemos, y que se confrontará con China –unida a Rusia- para acabar con el individuo, la persona, la dignidad humana y el mundo si es necesario. Sin respeto por la ecología, ejerciendo el mismo racismo y la misma xenofobia que Hitler contra los judíos. Hoy, contra los mexicanocentroamericanos e, indiscriminadamente, también contra todo el Islam.

Esto es lo que narra (y prenuncia) magistralmente George Orwell –uno de los más significados políticos mundiales- mediante técnicas, procedimientos y estructuras narrativas perfectas. Una pieza de orfebrería finísima en la que se corresponde fondo y forma con excelencia. Fondo político –distopía- y forma épica sin concesiones a retorcimientos retóricos.

Continuaré analizando “1984”, y su relación con Donald Trump, la próxima semana.

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