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¡Hacer cambios en el sistema económico!, y no sólo del Presidente y del Congreso
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 3 de octubre de 2017
marioalbertocarrera @gmail.com

Tanto en la capital (nuevos asentamientos) como en amplios espacio rural, son constantes las olas de invasores cuyas acciones indudablemente están reñidas con la ley. Pero no con la moral y, más ampliamente, con la ética. Me refiero a la Ley-Constitución que, como todos sabemos, en uno de sus postulados garantiza la tenencia inmutable de la propiedad privada que, en cambio Diderot, no la veía así, porque declaró tajante y contundentemente (desde un enfoque moral sobre todo) que “la propiedad privada es fuente de toda desigualdad”. No olvidemos que la Revolución Francesa proclamó como su fundamental principio el lema de ¡Igualdad!, fraternidad y Libertad. De donde se derivaron todos los Derechos Humanos. La égalité, que aquí nos viene guango.

También nuestra bizarra Constitución defiende a ultranza el derecho a la vida, pero en un país de raigambre y esencia agrícola como Guatemala si no se amplia, extiende y dilata el derecho a la propiedad –sobre todo en el área rural- ¿cómo se puede defender el derecho a la vida? Caemos en una antinomia: Tenemos enfrente una especie de serpiente que da vueltas y vueltas en el mismo espacio y tiempo inmutables, que se muerde la cola: el derecho a la vida que choca de frente –desde hace 500 años- con el derecho a la propiedad latifundista que es la normal en este país.

Si realmente se desea hablar con honestidad de un verdadero “pacto o Contrato Social” (como el nombre del famoso libro revolucionario de Rousseau) hay que ir directamente a los cuernos del toro y asumir que el principal problema y conflicto de Guatemala se deriva de la poca cantidad de propietarios, de empresarios, de hacendados y finqueros que existen en el país, en relación con los casi 20 millones de habitantes. Muy poco ¡poquísimos!, son los dueños de la propiedad privada que tanto defiende la Constitución e ¡incontables: millones de millones!, que babean por un pedacito de tierra (una parcelita al menos) o una casucha o apartamentacho, de insignificantes 40 m.2. Es lo menos que se puede pedir si queremos también defender el constitucional derecho a la ¡vida! Techo es un derecho universal en defensa de “la vida desde el momento de su concepción”. (Puras pajas, lector).

Se me dirá que Marx ha pasado de moda. Y no es cierto, se ha demostrado ¡que no!, ahora que “El Capital” arriba a sus 150 aniversario de impresión. Que la Unión Soviética y sus ideales y sus metas han muerto con la Perestroika. Que ahora lo único que se lleva es el neoliberalismo (a la criolla egoísta) a la Marroquín. La descentralización o sea la privatización de todo (venta loca entre “las familais”, unas 10). Además,mantener la no intervención del Gobierno o el Estado en los intocables business de la “Oli”. Dueña de la vida y la propiedad. De Vida y haciendas, como en la Colonia, que no ha concluido, que no ha terminado. Ella: la taimada encomendera.

No obstante yo (que nunca estuve en la guerrilla ni he pertenecido a grupo o partido ni de izquierdas ni de derechas: el baboso llanero solitario) sigo sosteniendo tercamente que la Ley de Desarrollo Rural Integral debe ser prioritaria en la agenda del Congreso de la República -de éste o de un nuevo- si es que el tenemos fuera depuesto porque todos los diputados son dignos de depuración. Es decir, indignos de diputación. A ello tendríamos que añadir, la vigorización de una verdadera política de desarrollo social, en el tema de procurar vivienda popular. Sin techo, comida y ropa para todos es imposible conseguir una paz firme y duradera.

Lo que ya ocurre en Guatemala es pavoroso: o ricos o pobres. Como en la Edad Media, oscura época en el asunto de desarrollo humano y social, que avanzó hasta 1789 cuando estalló la Revolución Francesa. Dos clases sociales y nada más. Un espacio completamente polarizado en el que sólo puede flotar el odio y el deseo de venganza –por un lado- y la cicatería, la avidez y el afán de monopolio, por el otro. En el campo terrible de esta tensión dialéctica sobrevive Guatemala, con tempestades que ya experimentamos y huracanes que avizoramos en el porvenir.

De la Revolución Francesa y de los distintos análisis económicos que hicieron Marx y Engels -en divesas obra de su autoría y no sólo en Das Kapital- existen posturas socialista -pero completamente democráticas- como las que se postulan (con enorme optimismo para nosotros “Los Condenados de la Tierra” de Fanon) como las que se ostentan -orgullosos ellos de sus sistemas económicos renovados- en Suecia, Noruega, Inglaterra o Dinamarca, todas las mencionadas, con monarquía a la cabeza de sus Estado. Olores antiguos a Edad Media, combinados con Revolución Francesa y con Marx, donde no se ha perdido el principio capitalista de respeto a la propiedad privada, que establecieron los grandes pensadores ingleses del XVII-XVIII, como el padre de “Leviatan”: Hobbes.

Señores: todo es cuestión de que la alta burguesía guatemalteca (llamada popularmente la “Oli) se desbrutalice, se desatonte, se actualice y entienda que sus mismo exceso de señorear, someter y avasallar -al pobre o al humilde ¡a ultranza!- solo la está llevando no tanto a su destrucción, como a la destrucción de Guatemala, que vemos materializada en la prolongada y renovada crisis de los gobiernos de turno, porque pronto tendremos a dos ex presidentes en la cárcel. Aunque sea una cárcel VIP como la Zavala. Oprobio y vergüenza nacional.

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