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Blanco Lapola, una bruja sin escoba. Crímenes de lesa humanidad en Argentina
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 5 de diciembre de 2017
marioalbertocarrera @gmail.com

25 de noviembre

Jueza Erika Aifán envía a juicio a Marlene Blanco Lapola, una señoreta que iba de viceministra y de ¡directora de la Policía Nacional Civil!, lacaya de viejas ordenanzas encomenderas, que veían con buenos ojos la limpieza social, como si la sociedad no se emporcara más con las marranadas que hacen los de cuello blanco que, con níveos y tiesos golletes de encajes, asesinan a miles de miles en Guatemala y el mundo. Uno de estos engolletados fue Pedro de Alvarado –recontra bisabuelo del adelantado Irigoyen- que pionero en tales maldades, se adelantó a Blanco Lapola –en Gumarcaj e Iximché- limpiando de “indios” las tierras nuevas que conquistaba Tonatiú.

Tal era y es el punto de vista discriminador y racista que se ha tenido de antiguo ¡y se tiene!, sobre el delito, la delincuencia y el delincuente. Para la alta burguesía nacional –casi hasta el arribo de Velásquez Gómez y su defenestradora Cicig- los señores de la oligarquía no eran ni podían ser ni asesinos ni ladrones. Sólo en las clases bajas tales máculas se podían localizar. Ese era el “pensamiento mágico” de la clase alta en torno al mundo que ellos creaban totalmente a su favor y al de su descendencia y genealogía: la sociedad estaba y está completamente emporcada, pero no por ellos –la oligarquía- sino por la delincuencia de baja estofa o, bien, por quienes ponen en peligro su estabilidad, transgresores.

Así nace el sentido y la idea de la limpieza social y de las ejecuciones extrajudiciales. Del invento de una moral “para la clase alta” y una moral “para las clases bajas y para los subversivos”. Made in Maquiavelo: Nosotros somos los buenos (la oligarquía) y ellos, los malos: el lumpen proleariat. Y el mal debe ser aniquilado. Y como no se pueden atiborrar las cárceles porque ¿cómo vamos de dar de hartar a tanto vago delincuente o subversivo? Ergo, lo mejor es acabar de un plumazo con ellos. Y así surgen las mujerucas y los hombretes cual Blanco Lapola y también, entre otros muchos, los que integraron (antes que ella) la operación Pavorreal. Y un largo etcétera de asesinos con autorización gubernamental. Desde Alvarado y su adelantado Irigoyen pasando por Ubico, el general chusema y acabando con esta bruja sin escoba pero con metralleta que no debiera apellidarse Blanco sino Negro-bestial.

30 de noviembre

Condenan a militares argentinos por crímenes de lesa humanidad. Es decir, de ofensa terrible, absoluta y colosal contra la humanidad toda. Contra el tuétano del Ser.

Mientras aquí el Ríos Montt ríe de tarde en tarde -cuando regresa a la vida entre las tinieblas del alzheimer- porque vive en la Guatemala complaciente e inmutable, en Argentina sí se hace cumplir la ley y no se andan ni con contemplaciones ni con cochinos arreglos en las cortes de constitucionalidad, para echar atrás y recular una condena ya dada por Jazmín Barrios, con una valentía ejemplar e histórica.

Ríos Montt fue prácticamente absuelto por nuestra CC y esta es hora en que el tenebroso y satánico militar ¡genocida si los hay!, descansa plácidamente en su mansión habida con la sangre de los que ejecutó con su técnica maldita de pueblos arrasados ¡ mil veces “mejor”!, que la limpieza social de doña Blanco-Nigérrimo. ¡Qué frustración la que sentimos con la bofetada a Barrios.

Mas no todo es descorazonador en el mundo injusto en que habitamos. En Buenos aires, hace unos días, fueron condenados ¡gracias a Zeus!, los chafas: Astiz, Cavallo y el tigre Acosta ¡a prisión perpetua! Por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar de aquel país, entre 1976 y 1983. Más o menos el mismo tiempo de los malditos Lucas y Ríos. Felicitaciones a la justicia argentina.

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