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De nuevo a la arena el aborto. Poder y creencias versus Ciencia. Apele señor Rodas
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 19 de diciembre de 2017
marioalbertocarrera @gmail.com


14 de diciembre.

El polémico y muy discutible asunto del aborto emerge a la palestra derivado de que la CSJ dejó sin efecto el empleo de un manual sobre Derechos Sexuales y Reproductivos y otros asuntos similares. La gazmoña Corte opina que tal manual fomenta o protege el aborto. Una asociación medieval: “La Familia Importa”, es la autora del amparo que fue arrullado en la CSJ.

Desde hace casi medio siglo he tratado de que en Guatemala haya una ley que limite la explosión demográfica y la exponencial multiplicación de guatemaltecos. Una política de Estado que sólo permita una familia ideal de uno o dos hijos ¡y nada más! Con un ministerio de Salud Pública que organice una metodología de planificación familiar con todos los recursos científicos a la mano. Desde la repartición masiva del simple condón, hasta la aplicación de métodos más sofisticados como la T de cobre, la ligazón de trompas femeninas y de conductos seminíferos masculinos. Etc. Dentro de esta mega política estatal se debe contemplar la posibilidad de practicar la interrupción del embarazo. Desde luego no como metodología para la planificación de la familia ni como procedimiento anticonceptivo. Ninguno en su sano juicio ¡y yo lo estoy al máximo!, podría recomendar el aborto-anticoncepción. Sino sólo como derecho ¡humano!, para la mujer, cuyo cuerpo es propiedad sólo de ella y ¡jamás!, del Estado ni de la Iglesia. ¡Faltaba más!

Con mi compañera Luz Méndez de la Vega, Carmen Chavarría de Ponce, eventualmente Eunice Lima, Raquel Blandón y unas pocas más (yo bendito entre las mujeres) tuvimos fuertes encontrones, como digo hace unos 40 años, en torno a esta polémica temática, en foros de televisión (donde gente como la santurrona de hoy “La Familia Importa”) nos gritaban ¡asesinos!, ¡aborteros!, y hasta ¡etnocidas!, en vez de írselo a decir al general chusema o a Lucas y otros gorilas del pasado.

La limitación legal y regulación de la explosión demográfica en un país de miserables como Guatemala es imperativa. Si no se pueden poner en práctica medidas económicas que saquen de la miseria y la pobreza a los más de 12 millones de guatemaltecos que supra viven ¡inhumanamente, animalmente!, entonces, al menos, pongámosles a la mano una educación y métodos anticonceptivos. Tal recomendación es recontra lógica y de sentido común.

La otra, la despenalización y legalización del aborto, no tiene casi nada que ver con lo anterior, esto es, con los métodos para detener la trágica explosión demográfica nacional. ¡Pero, sí, con los derechos humanos de la mujer!, señor PDH.

Donde nos topamos con la Iglesia (como le dice D. Quijote a Sancho para que entienda que han dado con algo imposible de remover) es en el asunto de la regulación y limitación familiar y más aun con el tema del aborto.

Entonces es cuando nos arrostramos con el artículo 3 de la Constitución. De esto y este se agarran, desde hace mucho –aunque no legislara la Carta actual- para ahogar a instituciones como APROFAM. O para señalar de abominable el aborto. La Constitución hay que mutarla. Debe decir en el artículo que indico: “…el Estado protege la vida humana”. Y punto en boca.

En qué momento se inicia la vida humana, es un conflicto que traman y agitan las iglesias y las creencias. Mientras sólo hay zigoto y luego embrión no hay vida humana. En el feto sí. Es en este punto donde y cuando se produce la polémica entre la ciencia y las religiones. Porque las religiones (no todas) creen que en el instante de la concepción, también se introduce el alma. Y lo verdaderos científicos ¡en cambio!, no creemos que tengamos alma. “De lo que no se puede hablar, mejor es callarse o no hablar…” dice Wittgenstein en el Tractatus.

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