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Escarnio al Artículo 35 constitucional: el reciente caso de La Hora y de otros medios
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 27 de noviembre de 2018
marioalbertocarrera @gmail.com

Diarios


1

La Constitución de la República de Guatemala –de 1985- no tiene nada de original. Es copia (casi otro copy paste, como se dice hoy) de Constituciones extranjeras que, por aquellos días, les parecieron a los constituyentes paradigmas de democracia, vanguardia y progreso. Se pasaron -los “escribientes” del documento “fundamental”- meses o un año en escribirla y, encima de que es una antología de fragmentos constitucionales de otras partes del hemisferio, la redactaron mal, sobre todo en cuanto al uso de la sintaxis española. El artículo más emblemático -en torno a lo que afirmo con certeza profesional de mi parte- es el 186 ¡rey del anacoluto castellano!, cuyo sintaxis es tan retorcida que cada vez que doña Zury se quiere lanzar a la palestra, ha de comparecer ante las cortes para las “interpretaciones” respectivas.

El Artículo 35 -que es el de mi vocación en todo sentido: Filosofía, Letras y Prensa- tiene ya una andadura secular, es más que centenario. Aparece, en esencia, en la Constitución Francesa, de 1790 y en la Constitución de los Estados Unidos, después de 1776, y se repite en casi todas las constituciones de los países llamados “democráticos”.

Los constituyentes de 1985 –que se creen la pata del rey, por no decir otra cosa de Nerón- no hicieron más que fusilárselo, sin ningún rubor y sin reconocer derechos de autor porque, en una carta de tal naturaleza, no se suele incluir lo que los investigadores llamamos aparato crítico. Lo copiaron ¿irresponsables?, porque acaso les dio igual que se cumpliera como si no, puesto que la mayoría de constituyentes (que es el caso de una mayoría contundente) son de, o están ligados a la alta burguesía que ya sabemos que nunca ha respetado ninguna Constitución ni ninguna ley, como vemos –dicho sea de paso- en el “affaire Carlos Vielmann” y la limpieza social en la época de Óscar Berger.

Pero además de todas los detalles sobre la poca importancia (es decir, frivolización) de la redacción y plagios de las Constituciones en Guatemala, debo añadir en italiano (idioma que conozco bien y que me encanta por sus cargas irónicas) que “Llei nova, trampa nova”, que no necesita traducción y que no tiene desperdició en su expresionismo.

Con esto quiero decir que, en países como Guatemala donde la corrupción es la tortilla diaria de cada día, la Constitución y no digamos los códigos y leyes, están sujetas a la trampa y al timo que, en manos de los poderosos represores y dueños de la “finca Guatemala” –palmera y bananera a ultranza y monopolista- nos son más que tortas y pan pintado.

Todos los artículos constitucionales (en un país que no conoce de democracia y que por lo mismo está sumergido en el fascismo militar del asqueante Jimmy Morales, y todos los que estuvieron antes que él, con excepción de la primavera revolucionaria) son ultrajados, especialmente los que se refieren a los Derechos Humanos.

El 35 es el más afrentado y vejado de todos. Hoy y siempre. Porque es él, el mayor garante de la democracia y el mayor perseguidor público de la corrupción y de la impunidad. Ha sido conculcado hoy ¡una vez más, en este país sin democracia!, en el medio privado más antiguo del país: La Hora, precisamente por el Congreso de la República, que debería ser ¡y no lo es, qué paradoja! el más respetuoso del 35.

2

El Artículo 35 dice que en el país llamado Guatekafka, “es libre la emisión del pensamiento por cualesquiera medios de difusión”. ¡Falso de toda falsedad! Falacia grosera y cínica porque aquí estamos aún en un compartimiento estanco de la Edad Media que, en España y sus colonias, disfruto de plenos poderes hasta 1808 y, en Guatekafka, hasta 2018, era del mayor corrupto de la nación, alias Black Pitahaya. No se deje engañar, pues, cuando le digan que ya tenemos una naciente democracia. Aquí no hay ¡tan siquiera balbuceos!, de lo que puede ser una verdadera inclusión popular, en la gestión y ruta del país más atrasado del Continente después de Haití: el nuestro.

Y atrasado y retrasado mental ¡en todo!, en especial en lo que se refiere a la cacaraqueada -por la oligarquía burguesa y terrateniente, cuando le conviene a sus fines aviesos- “libre emisión del pensamiento por cualesquiera medios de difusión”.

Cuando en toda clase de simposios, congresos y asimismo en convenciones internacionales he sostenido que en Guatemala no hay libertad de Prensa ni menos, libre emisión del pensamiento, me han caído encima y me han llamado de todo. Desde pesimista anti sistema, hasta amargado profesional que vive en solitario porque no hay ninguna que lo aguante. Tal vez.

¡Pero llevo razón! Hoy La Hora (este periódico, tan antiguo y paradigmático en su vocación indiscutible, tan gloriosamente pretérito y profesional como su fundador Clemente Marroquín Rojas, con quien tuve la honra de laborar) sufre un desgarrón en su dignidad, por los que lo persiguen –inquisidores injuriosos- para silenciarlo, mediante un ¿acuerdo? del “honorable” Congreso de la República, a través del que los avisos notariales –de hoy en adelante- no será necesario darlos a la estampa en un medio escrito. Bastará con publicarlos en Internet. De milagro los cultos diputados no decidieron que se pusieran simplemente en Face Book. La Hora, por X o Y razón es la predilecta en nuestro medio para sacar esa suerte de notitas públicas (que también se dio en llamar “edictos”) y ahora ya no contará con ellos, por la desviada y perversa decisión del Parlamento.

El fin: silenciar a La Hora. Amordazarla para acallar a nuestro querido amigo -admirado por ser uno de los mejores periodistas del país: Óscar Clemente Marroquín Godoy, presidente de este medio- y, asimismo, a su hijo Pedro Pablo Marroquín, columnista brillante, y al valiente cuerpo de redactores que construyen este medio.

La razón: rastreramente política. Se ha divulgado que Óscar Clemente formará binomio presidencial con la temida exfiscal Thelma Aldana y que, juntos, estructurarán el mejor ejército fiscalizador para enrostrar a las huestes que podridamente forman el Pacto de Corruptos, sus achichincles y a la oligarquía medieval. Y con la posibilidad, además, de que durante el acaso virtual gobierno de Aldana-Marroquín, se consolide nuevamente la Cicig en Guatemala, encabezada ¡cómo no!, por Iván Velásquez. Todo lo que acabo de decir, representa la pesadilla más inenarrable –por sus consecuencias- para el crimen organizado tanto de La Cañada como de la Limonada.

Por este y en este caso de La Hora, vemos de bulto que no hay ¡ni nunca ha habido de verdad en Guatekafka!, “libre emisión del pensamiento por cualesquiera medios de difusión” y que, repito, el 35, fundamental ¡cardinal!, para la democracia, es el más vejado, acaso, de todos.


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