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Diarios
La judicialización de la política, de las elecciones y la conjura contra Thelma Aldana
Por Mario Alberto Carrera - Guatemala, 25 de marzo de 2019
marioalbertocarrera @gmail.com

Diarios

I

El término conjura entraña en su esencia misma un juramento. Significa que se monta o se crea una liga –de pocos o de muchos- en contra de una persona o de una institución que puede alcanzar a un Estado completo y a su sistema y a su modelo político. Y se jura su eliminación.

Guatemala parece ser un país condenado al desconcierto, al desorden y a la ausencia de cohesión. Tendemos a resolver nuestros conflictos con medidas vesánicas y no mediante el diálogo o la negociación política, alejada de lo imprudente. Aliada, en cambio, del disparate grotesco.

Estamos ante una judicialización de la política pero, más en concreto, de unas elecciones cuyo proceso principió. Y esta judicialización pinta más bien como una esperpéntica conjura de maniáticos y furiosos orates -en contra de una de las contendientes- haciéndolos tambalear.

Nuestra historia nos dibuja como un país –que a extremos trágicos llega en ese sentido- donde esa Historia es casi inmutable y por lo mismo aycinenista, esto es, conservadora a ultranza y que, como el pobre cangrejo de ojos saltones -que no le sirven para nada- da pasos hacia a delante pero muchos para atrás. Y se tropieza violentamente contra todo lo que puede significar progreso.

Otto Pérez Molina –que en maldita hora fuera Presidente de la República- captura y secuestra el poder en 2012, arropado con el triunfo que le otorgara un pueblo ciego que elige ¡democráticamente!, Presidente a un militar. Nos había costado las dos yemas salir de la dictadura militar en 1986 y, en 2011, eligieron (porque yo no) ¡en las urnas!, a un chafa, para que nos humillara con su empuñada y fálica mano.

Pérez y su esposa morganática convierten a Guatemala en un narco Estado de cuerpo completo. Y los Estados Unidos se indignan más y más y deciden, por fin, apoyar ciento por ciento a la Cicig y al MP, hasta que logran dar con Pérez y Baldetti en la cárcel.

Entonces, asimismo, comienza, lento pero eficaz y certero, un frente reaccionario cuyas raíces –si hilamos muy fino- las encontraremos en el más reaccionario de los movimientos de este país: El Movimiento de Liberación Nacional (MLN) de Castillo Armas y sus secuaces, entre los que contemporáneamente se distinguen el difunto Álvaro Arzú Irigoyen y Alejandro Maldonado Aguirre, precisamente el Presidente de impasse entre el inverecundo Pérez y el In-Morales Jimmy.

Cae preso y está preso -pese al Pacto de Corruptos y pese a las intentonas de cambiar la Ley de Reconciliación Nacional- Pérez; y accede a la presidencia un payaso en toda la extensión del término. Payaso, que de tal fungía en sus “In-Moralejas”. Y vivimos con aparente buena fe –sobre todo el primer año de In-Morales- acaso los mejores días de la persecución penal montada por la Cicig y el MP. Aunque no tuvo desperdicio –antes- la enchiquerada de Pérez y su señora morganática.

Otra vez, con mayor fuerza, la reacción de los pringosos reaccionarios de la oligarquía impertinentemente medieval del país (que coaguló las acciones de la Cicig, con el sonado caso internacional de la declaración de “non grato” de Iván Velásquez y la terminación del período de Thelma Aldana y la fría, distante y calculadora asunción a la fiscalía general de la señora Porras) vuelve a la carga ¡conjurada!, más devoradora que nunca.

La semilla de la libertad –pese a los arteros golpes- sigue presente en algún sector (cada vez más grande) del país y se procede al lanzamiento -como candidata presidencial- de Thelma Aldana. Y la reacción del viejo MLN, el Pacto de Corruptos y la conjura contra el proceso eleccionario ¡aún coleteando!, vuelve al ataque. Y en esa estamos.

II

Se judicializa la política cuando se encarcela a alguien por su manera de pensar –o porque funda un partido de corte disidente- en vez de rebatirlo en la plaza o en el ágora, en las tribunas y en la cátedra. Procedimiento fascista cuyo fin es la destrucción del enemigo ideológico que pone en peligro la estabilidad del establishment. El caso más paradigmático de los últimos tiempos: el de Mandela en Sur África. Pero, guardando las distancias -este mismo suceder- se replica en Guatemala y Honduras -tipificándonos por ello en la América del Centro- donde desde hace siglos se procede de este modo, haciendo fracasar casi cualquier intento democratizador. El precedente más lamentable, de los últimos 70 años en el país, ha sido sin duda la eliminación de Arbenz por Castillo Armas, cuyo movimiento de “Liberación” ¡no lo dudemos ni por un momento!, sobrevive vigorosamente en la oligarquía fascista hitleriana, de la que se nutre Jimmy Morales Cabrera, mediante el transfundido directo que le realizó Álvaro Arzú Irigoyen.

Ahora los conjurados de Esquipulas (guiados desde la alturas por CACA y por Arzú) unidos al Pacto de Corruptos, unen todas sus nigérrimas potencias para la persecución de Thelma Aldana, a quien temen acaso más que los supremacistas surafricanos a Mandela. Por algo Enrique Dehenhart se ha puesto en la más deplorable evidencia, cuando con voz hitleriana dijo que la pondría en la cárcel sin ningún miramiento. Lo cual nos hizo temblar a todos los que ya hemos sufrido persecución como periodistas, especialmente durante el primer año de Cerezo y su servil gobierno a los militares encabezados por el inolvidable general Gramajo. Nos hizo temblar por unos minutos que sonaron con voz de Ubico, que la tenía también un poco aguda. Pero enseguida nos repusimos.

El Pacto de Corruptos, la vieja liberación de Castillo Armas-Azú-InMorales, y la reciente conjura contra la democracia, las elecciones y Thelma Aldana, ofrecen ante el mundo democrático un sainete o más bien una atelana de la peor laya o condición, enrostrada a la persecución impúdica y evidente contra Aldana. Ofrecen un espectáculo grotescamente circense contra una señora cuyo gran pecado ha sido el de poner en el calabozo vip del Zavala a Pérez Tito Arias, comandante genocida. Y, además a su señora morganática, tras las rejas de la vintage Santa Teresa. Y, asimismo, a una larga lista de vulgares e impresentable corrutos.

Todos ellos -y muchísimos más en salmuera- agitan el cotarro y no me cabe duda de que seguirán en la agitación e irán con todo y contra toda esperanza de democracia. Este es el país del retraso medieval y fascista donde el fantasma apestoso de CACA continúa inspirando las conjuras malditas y a los Donaldo Álvarez.

¿Qué será de Guatemala –imaginémoslo por un segundo nada más- si los conjurados en el Pacto de Corruptos y la suprema corte de la oscura oligarquía llegaran a triunfar y colocaran a un hombre de paja, y de la Terminal, como Jimmy, de nuevo en el poder. Y si, además, de nuevo, asimismo, se consolidaran los nazis del Ancien Régime en el solio del guayabal? ¡Sería la presencia de los Nueve Círculos del famoso Infierno!

Pero ¡no pasarán!

Guatemala ya no es la misma que hace 30 o 40 años. Pese a la “tonterización” de las redes sociales (Twitter, Facebook y demás hierbas) algo ha cambiado el guatemalteco en la senda de la democratización ideológica. Algo ha calado de nuestra lucha, de nuestra entrega por mutar el pensamiento y las ideologías, aunque el Chucky diga que ya no existen.

Nuestra lucha está en el retorno de Thelma Aldana, porque ello significa guerra contra la corrupción y la impunidad.

Y desde luego el retorno de una Cicig aún más eficaz y vigorosa.


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