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La USAC, otro nido de ladrones
Por Marco Antonio Flores, Guatemala, 14 de marzo de 2005

Guatemala es, no sólo un país profundamente atrasado (el más atrasado de América Latina luego de Haití) sino que también es un país desgraciado: su clase política ha sido, históricamente, una de las más corruptas del subcontinente. Desde el dictador Ubico (que se recetó por sus pistolas 200 mil dólares del erario) los gobernantes se han caracterizado por ladrones. (Arévalo fue la excepción de esta vergonzosa regla).

Pues bien, esta conducta delictiva ha permeado todas las capas y actividades de la sociedad guatemalteca. Una gran franja de empresarios son ladrones: evaden siempre que pueden el pago de impuestos o estafan con marufias al fisco. Los burócratas son ladrones; exigen coimas y pagos bajo la mesa para cumplir con su deber con rapidez. Los educadores han hecho de la educación privada un gigantesco asalto a los bolsillos de los padres, y los de la educación pública exigen -a la gente más pobre- pagos por todo tipo de tareas y deberes que deberían cumplir, según la ley, gratuitamente. Y así, todos los organismos, grupos e instituciones roban al amparo de la impunidad que ofrece el sistema de justicia, en el que los juzgadores y jueces son de la misma calaña que todos los demás.

Así que la denigrante y desmesurada corrupción que existe en la Universidad de San Carlos (la nacional) no es nada que asombre, pero sí que indigne y avergüence. Según el subcontralor general de Cuentas, en el Plan de Prestaciones existe un déficit que asciende a 13 millones y medio de quetzales, que las actuales autoridades quieren tapar con una transferencia medio shuca que no fue autorizada. Pero según otros informantes, el desfalco al Plan de Prestaciones que los trabajadores y académicos sancarlistas han pagado con los descuentos, asciende a 230 millones de quetzales. Así que, cuando un trabajador o académico ha cumplido su tiempo y exige su jubilación han llegado a la desfachatez de ofrecerle 200 quetzales mensuales.

Este gigantesco desfalco viene ocurriendo desde la rectoría de Eduardo Meyer, pasando por Roderico Segura, Fuentes Soria, Jafeth Cabrera, para culminar con el peor: Efraín Medina. Ahora, luego del colapso del Plan de Prestaciones, nadie es culpable del desaparecimiento de tan elevada cantidad, que deja en la calle a todos los que confían en su jubilación. ¿Y la Contraloría General de la Nación? Bien, gracias.

Pero la red de corrupción se extiende a casi todas las actividades administrativas de la Usac. En Derecho, para lograr el título de abogado sin muchas trabas, hay que soltar Q75 mil maracandacas. En casi todas las unidades académicas cobran siete mil quetzales por no hacer el EPS. El decano de Economía está haciendo gestiones para que el Plan de Prestaciones pase a ser parte de su financiera. En contubernio con la actual rectoría se organizaron mafias de dirigentes estudiantiles para cobrar por estacionar carros, poner negocios de comida y hasta los chicleros tienen que aflojar. Todo sin soporte legal ni documentos legales. Es decir, un hueveo en descampado.

Para acabar pronto, el Consejo Superior Universitario declaró el desequilibrio financiero permanente del Plan de Prestaciones, y la Comisión Multisectorial aprobó un auditaje para averiguar quién se huevió todo ese dinero. ¿Cree usted que lo averiguarán? Pronto comenzará a correr el dinero bajo la mesa para que todo quede en lo oscurito. ¿Y de jubilaciones? Pues, nada.

Fuente: de www.sigloxxi.com


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