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Panorama desde el puente o de como descontar a los cuenteros
Por Marco Antonio Flores, Guatemala, 27 de marzo de 2005

La producción guatemalteca de cuentos de los últimoS dos años es analizada por el escritor Marco Antonio Flores, de acuerdo a su particular concepción del género y la literatura. Aciertos y desaciertos de lo publicado son presentados bajo una crítica severa.

En Guatemala, la cultura está en condiciones lamentables. En lugar de coadyuvar y propiciar el desarrollo, las manifestaciones culturales y artísticas se han convertido en vitrinas adecuadas para promover políticamente al gobierno de turno -si de educación se trata-, o para promocionar a los artistas y escritores dóciles al poder en una inocua pasarela, si de estas actividades se trata.

La literatura, específicamente la referida a la emoción y a la ficción (la poesía y la narrativa), sólo sirve para humanizar al hombre, no para convertir al escritor en una vedette, como intenta el posmodernismo capitalista. La literatura es, pues, una forma humana de expresión. No es superior ni inferior a otras necesidades de este tipo. Pero para un escritor es una necesidad ineludible, casi visceral, de manifestarse. En ella existen diversas formas: el ensayo, la crónica histórica, la novela, la poesía y otras. La academia ha acuñado los géneros, como concepto.

La narrativa -novela y cuento, principalmente- es una manifestación humana anclada en la imaginación y expresada a través de historias de ficción. Esto no nos lleva a concluir que éstas no se fundamentan en la realidad. El entorno social y geográfico y la vida personal del escritor son el cimiento sobre el que se levanta la imaginación.

El cuento es una historia corta y cerrada, con pocos y determinados personajes, que tiene un final inesperado que no ha sido parte fundamental del desarrollo de la historia. La retórica, las meditaciones subjetivas del autor, los discursos ideológicos o políticos, y los análisis de cualquier tipo, ajenos a la historia, destruyen ésta e invalidan todo el texto. El parloteo inútil no tiene nada que ver con la historia sintetizada en un cuento.

Cada escritor original y trascendente es único; crea y desarrolla un estilo personal y propio. Los demás son epígonos.

En los últimos años se ha producido en Guatemala una eclosión de producción literaria, principalmente poesía y cuento -y algunas nouvelles o noveletas-. Sin embargo, los resultados son pobres, desalentadores, escapistas de la memoria histórica inmediata (avestruces que entierran la cabeza). La improvisación y la desesperación por alcanzar reconocimientos inmediatos y facilones, o la incapacidad o irresponsabilidad de asumir la tarea de escribir con seriedad y profundidad, o la huevonería de no leer con pasión textos determinantes para la autoformación, han conducido a la mediocridad. Este es el panorama visto desde el puente.

Descontando a los cuenteros

En este contexto hube de acercarme a la producción de cuento corto, publicada entre finales de 2002, 2003 y 2004. Luego de la frustración inicial decidí abordar solamente siete libros; ahí estaba el panorama sintetizado. Los otros eran (si esto es posible) peores.

Los malos

El peor de los malos -inaudito- es un libro premiado en el Certamen Permanente Centroamericano 2003. Su título Cuentos urbanos, su autora Fabiola Juárez, publicado por editorial Cultura, del Ministerio ídem. Al principio no supe qué pensar; o el jurado es un grupo de ignorantes que no sabe lo que es un cuento, o realmente ese mal libro era el mejor; esto sería el peor escenario. (En ese caso, lo honesto era declarar desierto el premio).

El libro premiado no tiene un solo relato que pueda definirse como cuento corto. Todos constituyen meditaciones subjetivas, estampas sin historia, discursos inacabables, monólogos repetitivos, retórica agotadora. El final inesperado no existe en ningún relato, los que se diluyen en el absurdo. La escatología (supuestamente recreación del habla coloquial) es un relleno sin sentido ni razón, lo que convierte los textos en vulgares e intrascendentes.

El segundo de esta serie se titula El ratero y otros relatos, y su autor es Franz Galich, publicado por Editorial Cultura. Este libro se ubica en un estilo costumbrista y campirano, propio de principios del siglo XX. En él -en la mayoría- existe un desorden temático que rompe la estructura del relato. Los finales de estos cuadros de costumbres son inocuos. El libro está lleno de discursos inacabables, especulantes, políticos e ideológicos que son la voz del autor y no de los personajes, que no llegan a conformarse como tales, y que no desarrollan una historia cerrada y certera sino una descarga del autor respecto de la realidad, según él la mira.

El tercer libro de estos es La última tarde del milenio; su autor Robin Rossell, publicado, para variar, por la Editorial Cultura. Este libro es una muestra del uso irracional de las influencias cuando son tomadas éstas sin aprehenderlas e interiorizarlas para utilizarlas como referencias y como material de calco. El autor intenta repetir la experiencia de Lovecar, y sólo logra una caricatura. Pero, además, estructura personajes que son más bien robots o marionetas en un ámbito que siempre es el mismo: el misterio y la magia en medio de un desorden interno en el que las historias se desmadejan atrapadas por algo que quiere ser elocuencia poética, pero que se transforma en palabrerío que trastorna la historia y hace casi ininteligibles los textos. En ese desorden estructural hay abuso de imágenes que son innecesarias para el texto. Un libro desigual con grandes errores de sintaxis. Hay un cuento, La ecuación perdida, que por momentos se logra.

El último de los malos se llama La Revolución y otras razones para pegarse un tiro, de Gustavo García, publicado por Magna Terra. En éste ya hay historias con un orden interno y un desarrollo coherente. Sin embargo (como pareciera suce derle a todos los guatemaltecos), el palabrerío, la retórica y la agotadora reflexión sobre los sucesos narrados alargan y recargan innecesariamente los textos y destrozan la historia, que se torna cansona y en la que se pierden los sucesos determinantes en un mar de adjetivos y descargas subjetivas. Pareciera que el parloteo incansable es una necesidad de autocontemplación del autor.

Los regulares

En el libro La muerte es un acto prosaico -13 cuentos y algo más-, de Vicente Vásquez, publicado por editorial Oscar De León Palacios, ya se encuentran historias organizadas que se desarrollan de acuerdo con un tema preciso. Sin embargo, como en los anteriores, falta oficio y autocrítica. Sin embargo, sí hay cuentos, aunque en la mayoría de ellos fallen los finales, que se diluyen en una moraleja o dicharacho que no tiene que ver con la historia, como uno que termina diciendo: "Entre menos coches, más olotes", que destruye el cuento. Esto hace un libro desigual. Su costumbrismo ingenuo y ligado al pensamiento mágico y al misterio hace inocuas las historias que podrían ser esenciales y determinantes. Hay un cuento, La negra de la veinticuatro, que es el más logrado. Lástima de diagramación de portada, que le quita seriedad editorial a la publicación.

En Dragones y escaleras, y otros... cuentos, de Javier Mosquera, en editorial F&G, el monólogo interior, que no tiene nada que ver con la estructura de un cuento, es lo determinante en la mayoría de relatos. Éstos se desarrollan con una acción lenta -en ocasiones casi estática- y los temas se reciclan de un texto a otro conformando un mazacote confuso. Y es que las obsesiones del autor se convierten en una temática repetitiva y cansona. Es un libro desigual, con textos inconexos y personajes que se diluyen en el discurso, a veces pomposo pero bien estructurado. Sin embargo hay textos, como Volver, Dionisio, o Cayendo, que se acercan con calidad a la concreción de un cuento.

El bueno

El despertar del sueño, de Mardo Escobar, Ediciones F&G, de cuentos desigual, con rellenos como los dos últimos textos del libro, o la nouvelle de 40 páginas titulada El escaparate de Fabiola. Sin embargo, entre el primero del libro -La reina del vestido roto- y el más cercano a un cuento chejoviano, Momentos de Gloria (el más completo como cuento), existe pasión y creatividad. Los personajes son creíbles y las historias impactantes y recreadoras de la realidad. Es un buen libro. Hasta ahí. Por lo demás, la influencia cortazariana en Escobar es aún determinante; en un texto titulado Conjeturas sobre el rostro de una mujer, está presente Rayuela, donde Cortázar comienza: "Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca".

El cuento, según algunas opiniones

"En el cuento, la subjetividad es algo terrible. Es negativa, sobre todo en esto: que deja ver las manos y los pies del autor... en las descripciones de la naturaleza uno debe concentrarse sobre los detalles, agrup*ndolos de tal modo que, al leerlos y cerrar los ojos, se obtenga una imagen de lo descrito... Lo mejor es evitar la descripción de lo que ocurre en la mente del héroe; eso debe quedar claro a partir de las acciones del protagonista. No es necesario contar con muchos personajes. El centro de gravedad puede recaer en dos: él y ella... No puedes darle al lector la oportunidad de recuperarse: debes mantenerlo todo el tiempo en suspenso".

ANTON CHÉJOV

"En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la misma importancia que las tres últimas. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán las colas que adhieras a un sustantivo débil. El cuento comienza por el fin".

HORACIO QUIROGA

"El cuento debe escribirse para la última línea; deberá constar de dos argumentos: uno, falso, que vagamente se indica; y otro, el auténtico, que se mantendrá secreto hasta el fin".

JORGE LUIS BORGES

"La forma surge de la materia del cuento y de las reacciones del narrador hacia ella. El cuento que busca su forma es lo que patalea dentro del cuentista mientras trata de dormir".

SHERWOOD ANDERSON

"El tiempo del cuento y el espacio del cuento tienen que estar condensados. La intensidad en el cuento consiste en la eliminación de todas las ideas o situaciones intermedias, de todos los rellenos o fases de transición... la intensidad de la acción como la tensión interna del relato son el producto del oficio del escritor. El cuento parte de la noción de límite, de límite físico... el cuentista se ve precisado a escoger y limitar un acaecimiento que sea significativo".

JULIO CORTÁZAR

"En el cuento, si dejas fuera cuestiones importantes o situaciones que conoces, la historia se fortalece. Si dejas a un lado algo porque no lo conoces, la historia no valdrá la pena".

ERNEST HEMINGWAY

GUÍA DE LECTURAS PARA LECTORES Y CUENTEROS

ANTON CHÉJOV. Escritor ruso. Maestro del cuento corto. Sus obras datan de finales del siglo XIX. Se pueden encontrar en librerías de usados, o con el título de cuentos. Están en editorial Aguilar, o Edivisión de México.

William Faulkner. ESTADOUNIDENSE. SUS CUENTOS COMPLETOS ESTÁN EN UN VOLUMEN EDITADO POR ANAGRAMA, CON EL TÍTULO DE RELATOS.

ERNEST HEMINGWAY. Estadounidense. Su amplia obra cuentística hace algún tiempo que no se edita en español. Se encuentra en librerías de usados.

RAYMOND CARVER. Estadounidense. Sus obras en español están editadas por la editorial Anagrama: La catedral, De qué hablamos cuando hablamos de amor, Quieres hacer el favor de callarte por favor, Vidas cruzadas y Tres rosas amarillas, en homenaje a su maestro Anton Chéjov.

JORGE LUIS BORGES. Argentino. Su obra está en el volumen Obras completas, de editorial Emece (4 tomos), o en Alianza Emece, libros de cuentos como Ficciones, Historia de la Eternidad, El Aleph, etcétera.

ADOLFO BIOY CASARES. Argentino. En editorial Tusquets, los títulos El lado de la sombra, La invención y la trama, Un campeón disparejo y La muñeca rusa.

JULIO CORTÁZAR. Argentino. Tres tomos de sus cuentos completos en Alianza Editorial.

JUAN CARLOS ONETTI. Uruguayo. Un tomo titulado Cuentos completos, en editorial Alfaguara.

JUAN RULFO. MEXICANO. El llano en llamas, Fondo de Cultura

Económica.

MARCO ANTONIO FLORES. Guatemalteco. La Siguamonta, Editorial Siglo XXI, México.

Fuente: de www.sigloxxi.com


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