Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Arnaldo Orfila Reynal
Por Marco Antonio Flores, Guatemala, 17 y 24 de julio de 2005

Existen personas que influyen -en algún sentido- en la visión que uno tiene del ámbito en el que quiere vivir, y de las actividades a las que uno intenta dedicarse. Desde muy joven me ligué al mundo de los libros hasta que esto se convirtió en obsesión y pasión. Así que cuando terminé mi primer libro -de poesía- fui mi propio editor. Conseguí el dinero, llevé el original a una imprenta, lo diseñé completo, lo revisé línea por línea, y cuando salió lo comercialicé de bufete en bufete, casi de puerta en puerta; tenía 27 años.

Cuando terminé mi segundo libro de poesía lo envié a un certamen. Gané aquella lotería (en El Salvador), pero me cayó encima la calumnia, la persecución y la represión de la prensa salvadoreña completa y de algunos periodistas guatemaltecos (entre ellos Clemente Marroquín Rojas), y la decisión del Gobierno salvadoreño de vetar la publicación del libro.

Así que decidí publicarlo en México, hacia donde agarré viaje en los últimos días de 1967. Llevaba una decisión indoblegable: publicarlo en la editorial que estaba considerada como la mejor de habla hispana en aquel momento: "Siglo XXI, editores".

En la búsqueda de la dirección de aquella editorial en el D.F. (que quedaba en la calle Gabriel Mancera, en una casa de Elena Poniatowska) consulté algunas opiniones. Todas fueron desfavorables para mi ambición. Se rieron de mí; argumentaron que yo era un soberano desconocido, que tenía sólo 30 años y que para terminarla de joder, era mi segundo libro.

Pero no había nadie que me desviara de mi decisión. Conseguí la dirección y el nombre del director-editor: era Arnaldo Orfila Reynal. Sin saber nada de él me dirigí una mañana a "Siglo XXI, editores", traspuse una puerta jardinera y subí unos escalones que me condujeron a una sala de espera, en cuyo fondo estaba una muchacha sentada frente a su escritorio.

Lo único que llevaba conmigo era el original de mi libro y un álbum donde llevaba los recortes de prensa de todo el caso. Le pedí a la secretaria hablar con Arnaldo Orfila Reynal, a lo que respondió preguntándome si tenía una cita previa. Ante mi negativa me señaló una silla y entró al despacho del director; luego salió y me dijo que esperara.

Al cabo de un largo rato me indicó que pasara. Al fondo del recinto había un escritorio repleto de papeles y libros; detrás, sentado, un hombre canado, de amplia frente, papada y mejillas gordezuelas marcadas por algunas arrugas, unos lentes de carey y detrás una mirada curiosa, asombrada de mi audacia, e inquisitiva. De entrada ganó mi respeto y asumí mi sorpresa de haber dado un paso tan importante en el mundo editorial. Acababa de conocer a un personaje legendario de la tarea editorial (algo que yo ya ambicionaba realizar) en México y en el mundo hispanoamericano e hispanohablante: Arnaldo Orfila Reynal, argentino, luchador y miembro del Congreso de Córdoba, en 1918, en el que se inició la lucha por la autonomía universitaria y se decretó la primera Ley Universitaria, director del Fondo de Cultura Económica durante 17 años, un hombre probado de izquierda y editor-director de "Siglo XXI, editores". Frente a él, un muchacho que llevaba un original de un libro de poesía para dárselo.

Pues como les relataba, en los últimos días de 1967 conocí a Arnaldo Orfila Reynal en su despacho de editor de Siglo XXI, editores. Escuchó atentamente mi relato de las vicisitudes del libro que le llevaba para su publicación y luego me pidió el original de Muros de Luz y el dossier en el que constaba el artero ataque contra mi trabajo, pero también las opiniones favorables acerca de él de Ernesto Cardenal y Carlos Pellicer.

En los días que faltaban para la cita me di a la tarea de averiguar quién era Orfila Reynal. Así me enteré -entre otras muchas cosas- que en 1965 había sido víctima de un proceso en contra de su persona y del Fondo de Cultura Económica por traición a la patria, ordenado por el gobernante criminal Gustavo Díaz Ordaz, y que cuando el Procurador General de la República lo absolvió, conjuntamente con la editorial, y concluyó que "no había delito qué perseguir", el Gobierno mexicano los expulsó (a él, a la Junta de Gobierno y a todo el equipo de dirección) del FCE.

Esta editorial había sido calumniada por publicar libros fundamentales de la época, como Escucha yanky, de C. Wright Mills; Los hijos de Sánchez de Oscar Lewis; El capital (primera traducción al español hecha por el republicano exiliado, Wenceslao Roces) de Carlos Marx; El ser y el tiempo, de Heidegger; Economía y sociedad, de Max Weber; Teoría de la ocupación, el interés y el dinero, de Keynes. Era, pues, una editorial de vanguardia, bajo la dirección de Orfila Reynal.

Una semana más tarde me presenté de nuevo a Siglo XXI y pedía hablar con Orfila Reynal. El mismo gesto adusto y un tanto distante me recibió. Me temí lo peor. Sin embargo, con la misma parquedad del primer día me anunció que mi libro se iba a publicar, y que pasara a la administración a dar mis datos para el contrato y mi respectivo cheque de adelanto de mis regalías. Me quedé impávido, como siempre que enfrento un peligro, me despedí y fui a realizar los trámites. Era el primer guatemalteco en publicar en aquella notable editorial; antes que Asturias, Cardoza y demás yerbas.

Una semana más tarde, cuando me disponía volver a Guatemala, recibí el aviso que el Ejército me había condenado a muerte y mi efigie aparecía en un volante que habían pegado en las paredes por todo el país. Además, que habían intentado entrar a mi casa para llevarse a Aura Marina y a mis hijas (la más grande no pasaba de 2 años). Se inició mi primer exilio. No tenía trabajo ni a quién recurrir. Sólo pensé en Orfila Reynal.

Cuando llegó aquel volante (que me llevó el padre de Aura Marina) me fui a la editorial. Se lo mostré a Orfila y le pedí trabajo. Me respondió si sabía corregir pruebas, contesté que sí, sin saber de qué se trataba aquello. Me envió con Martí Soler para que éste me entregara las primeras pruebas de un libro de Michel Foucault titulado: Las palabras y las cosas, que había traducido la esposa de Martí; me dijo que me daba tres días para entregarlo. No recuerdo cómo le hice, pero se las entregué y él quedó satisfecho. Así comencé, con el padrinazgo de Orfila, mi tarea de editor. Lo demás es historia.

Fuente: de www.sigloxxi.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.