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La democracia imperfecta
por Marco Augusto Quiroa - Guatemala, 22 de agosto de 2004
gatoviejo11@hotmail.com

La democracia no es asunto de soplar, hacer botellas, llenarlas de agüita atarantadora y tragar parejo hasta ver al Colochón. Requiere disciplina, cultura política y un largo y tedioso trabajo para no meter la pata a cada paso. De esas resultas, doña Demo, gorda e inoperante señora vestida con vueludos trapos de paquistán y maquillada a imagen y semejanza de sí misma, responde por nombre y apelativo, santo y seña, a grupos de poder interesados en mantener limpia y decorosa fachada de sepulcro blanqueado aunque por dentro apeste a carroña y la gusanera corrupta y obediente baile con musicón telecontrolado desde salas ovales o cuadradas de guashintoniana mansión encalada. Instalada desde hace veinte años en nuestra querendona Guatebuenita, la calificamos de “incipiente” o “en proceso de transición” sin que jamás de los jamases expliquemos cuándo pasará a categoría mayor y dónde termina el proceso de transición. Aunque viva muchocientos años nunca llegará a edad adulta y responsable de sus actos.

Entretenidos en juego de no mover maicitos, agregamos débil utopía de papel de china a la zanahoria en la punta del palo. Chineamos el ingrato subdesarrollo, bailando en el mismo ladrillo. Considerarla siempre adolescente justifica metidas de pata con daños colaterales y políticas ocasionales y transitorias para saltar la talanquera de la coyuntura y taparle el ojo al equino sin enfrentar grandes temas pendientes. Doña Demo permite a cada ciudadano expresar su voluntad en elecciones de juguete y marcar en cartones de lotería la opción preferencial. Cada cuatro añejos repite la jugada y aposenta en poltronas guacamoleras a leales servidores de liderazgo mediático y cintura embisagrada para inclinarse ante el águila imperial.

La mayoría de servidores distraen el tiempo, abanicándose con la chequera, engordando el caldo de su jubilación a plazo fijo y espantando molestos moscardones de compromiso con el pueblo para no lesionar intereses de clase y de compañeros de viaje. Problemas agobiantes de las grandes mayorías siguen olvidados en la gaveta del qué-me-importa, el-quevenga- atrás-que-arrée y durmiendo el sueño de los injustos bajo el petate del muerto. Es obligada herencia al futuro inquilino de la casona presidencial. La democracia representativa nomás representa a los chicos malos del fotoclub y sus espurios intereses. La mayoría proletaria llamada pueblo está ausente de grandes y pequeñas decisiones y le untan atol con el índice y tranquilizan con mi migajas caídas del banquete oficial. Así es y será hasta que San Juan baje el dedulce y nuevos vientos soplen agitando las banderas populares.

Pero no es así en otras latitudes donde se practica, perfecciona y fortalece, la democracia participativa. Venezuela y su presidente Hugo Chávez ejemplifican el comportamiento democrático. Lenguas entacuchadas a lo largo y ancho de la irredenta Latinoamérica han vomitado ponzoñosos salivazos en blanco y negro sobre la naturaleza del régimen venezolano, acusándolo de populista y dictatorial, mesiánico y corrupto, prepotente y abusivo, asesino y violador de derechos humanos. Y un largo etcétera. Si los medios masivos de comunicación desde CNN hasta los periódicos escolares de la Patagonia decidieran voto y destino de Venezuela, hubiera triunfado por arrasador consenso la consigna del ¡yes! auspiciada desde los jardines de la Casa Blanca. Son leales servidores de intereses económicos y agotadas políticas neoliberales empujadas por el aliento de mister Bush.

Examinar la realidad es darle vuelta a la tortilla de la desinformación noticiosa y el comentario sesgado e irresponsable.

El presidente Chávez ha gobernado con la bolivariana Constitución en la mano mientras la derechona tradicional y recalentada, encabezada por el Cacif local llamado Fedecámaras y sus lacayos politiqueros y sindicalistas han usado métodos aberrantes y antidemocráticos para darle chicharrón al régimen legal y legítimo, producto de la voluntad popular. No es necesario recordar que Chávez ha ganado ocho elecciones al hilo. Basta mostrar unos cuantos fragantes botones de rosa para encuerar la verdad verdadera: La oposición acordó manifestaciones y huelgas ilegales para desgastar al gobierno y un gran paro nacional de más de dos meses que puso al país al borde del colapso social y la quiebra económica. Ocupó las oficinas de la empresa petrolera estatal, destruyó archivos y tecnología computarizada, inmovilizó puertos y barcos, y ordenó a técnicos y gerentes a unirse a su política terrorista. El gobierno chavista se vio obligado a importar combustibles siendo el quinto país petrolero del mundo y técnicos extranjeros de alto nivel para reconstruir daños y echar a andar la complicada maquinaria de las refinerías.

Hubo muertos en las calles producto de la provocación de los que tiran la piedra y esconden la mano. Los que desde la sombra mueven los hilos de tenebrosas conspiraciones. Para ponerle la tapa al frasco, la derechona asestó el golpe de Estado del 11 de abril de 2002, invistió como presidente de la república a su mero tatascán, Pedro Carmona, que se dedicó en escasas 48 horas a borrar con el codo lo que la revolución bolivariana había escrito con la mano. El poder popular emparejó las cosas y devolvió el orden institucional y constitucional. La oposición jamás de los jamases recurrió a iniciativas contempladas en la Carta Magna. Hasta que se vio contra las cuerdas y con el agua al cuello exigió el referendo revocatorio. El recién pasado 15 de agosto le salió el tiro por la culata y ahora, incapaz de reconocer su derrota, alega intervención de fraudulenta mano de simio.

¿Qué hizo Chávez? Aguantó chubascos y lluvia sobre mojado. Fue paciente y tolerante, no usó métodos represivos ni llenó las cárceles de delincuentes disfrazados de opositores. No usó la fuerza sino la Constitución Política de la República Bolivariana de Venezuela y ha tomado nuevo aire para impulsar y fortalecer la democracia participativa que por primera vez en su historia, está dando a los pobres, a los habitantes en casas de cartón, una luz, una esperanza y un presente que garantiza vida digna y futuro mejor. No hay democracia perfecta, es un proceso que quema etapas cada día mientras exista voluntad política, proyecto de nación y programas de beneficio colectivo.


Para celebrar el triunfo del pueblo mojando y remojando el galillo, pongamos el codo a noventa grados y entonemos sonoro siquitibín a la bimbombá por Venezuela, el presidente Chávez y la revolución bolivariana. Amén.

Para Chávez o Chavéz, con y sin tilde o acento, tanto grito y aspaviento finalizó de una vez. Dejemos el ¡no! y el ¡yes! guardados en la memoria y en democrática euforia sonriendo a diente pelón con trago doble de ron celebremos la victoria

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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