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El banguat y los dólares mojados
Por Marco Augusto Quiroa - Guatemala, 28 de agosto de 2004
gatoviejo11@hotmail.com

Las instituciones encargadas de manejar políticas pisteras en español e inglés, aprietan tuercas flojas cuando es menester para que no panda el cúnico, jalan pitas evitando se rompan por lo más delgado a manera de resguardar los sagrados intereses del pueblo y si la situación se pone peliaguda y afecta el precio del rey dólar, salen a paso redoblado con morral todosantero a comprar dolorosos en operaciones de mercado abierto (OMA). La Junta Monetaria se declara en sesión permanente, el café con piquete es consumido en cantidades amazónicas para evitar somnolencias en desvelos prolongados y las altas o chaparras autoridades del Banco de Guatemala se jalan los poquísimos cabellos preocupados por la salud de la billetera nacional. Lenguas entacuchadas que ven micos aparejados en zaguanes y oscuranas cómplices, juran y perjuran que los encargados de cuidar gavetas y cajas fuertes para mantener la relación íntima y el concubinato entre quetzal y dólar, son simples gatos y achichincles de los chicos malos del fotoclub cacifero y mantienen línea telefónica abierta esperando órdenes para servirlos a su favor y antojo. Ninguna persona en buenisano estado de gracia y sin enzaguanarse regular cantidad de venadriles podría dar pábulo a semejantes especulaciones producto de mentes enfermizas o vendidas al ex oro maldito de San Fidel. Los mal hablados y peor pensados guatechapines pasan los días de claro en claro y las noches de turbio en turbio, como el ingenioso hidalgo, para encontrarle tres pies al gato e inexistentes transas y movidas chuecas y acusan al banco central de subsidiar a sectores productivos afectados en línea directa por el subibaja de la moneda gringa. Si el ave muda que vive en tu escudo sube de precio, los importadores amanecen con sonrisa panorámica y con ánimo de traerse enterita la producción de China Colorada, desde peines plásticos y dragones de papel hasta computadoras y cohetes espaciales. Don Lizardo sale al quite para que el agua vuelva a su nivel. Si sucede todo lo contrario y la divisa verde, verde, verde del viejo Sam anda por las alturas y los agroexportadores se frotan las manos y ordenan otra tánica de etiqueta azul, don Chalito salta al ruedo y empareja las cosas por el justo medio.

Qué los enemigos del pueblo sigan mascando el chicle de la calumnia e inventando chismes de calibre prohibido para desacreditar a nobles instituciones preocupadas por las grandes mayorías. El Banco de Guatebuenita, institución responsable de la equidad y justicia en el manejo de pesos y centavos, la mara proletaria es causa, principio y origen de sus mejores esfuerzos y sufre migrañas y jaquecas por el bienestar colectivo. El que diga lo contrario, miente. No está sujeto a llamadas inoportunas a deshoras del día o de la noche de aprovechados especuladores financieros, ni sufre jalones de oreja de empresaurios o tatascanes guacamoleros. Hace suyo el eslogan de mal recordado Presidente del difunto siglo pasado: Los pobres son la razón de mi gobierno.

Para ponerlo claro, en letra de molde y blanco y negro, basta con hacer numeritos finales contando con dedos de pies y manos. Los dólares de exportadores no regresan todos al país. Encuentran querencia en financieras y nichos estables de inversión bajo aleros gringos, sin hipo ni taquicardia causados por gobernabilidad de gelatina, inestabilidad política y arbitrarias medidas gubernamentales de mala práctica económica. Las exportaciones de azúcar, café y productos no tradicionales apenas llegan raspadas y haciéndoles favor a 500 millones de dólares por rubro y la estrella de la corona: el turismo, asciende la elevada cumbre de 600 melones. De modo y manera que es de mentes sesgadas pensar que el Banguat y la Junta Monetaria diseñan políticas nacionales para tan pichicatos ingresos y les importa la venta del dólar a 8.10, 7.50 o 7.00 quetzales. Nel. La razón es otra. Mucho más humana y con ribetes de justicia social. Estas nobles instancias trabajan para los pobres y merecen el aplauso unánime de una sociedad fraterna y solidaria. Los subsidios son aberraciones del sistema mercantilista, pero si hay que subsidiar a alguien, el primer lugar lo ocupa la sufrida mara proletaria. Los guatechapines que dejan esposa y marimba chiricera, madre enferma y padre tullido en silla de ruedas, y arriesgan pellejo y alma cruzando las áridas regiones de la América del Norte en busca del sueño capitalista y el american way of life.

Este año las remesas familiares subirán al podio de los 2 mil 500 millones de dólares o ya sea 20 mil millones de quetzales. Si el dólar se cotizara en 7 quetzales en vez de 8, estos humildes guatechapines verían disminuir su sudor y el bienestar de sus familias en 2 mil 500 millones de quetzales. Si pierde diez len, 250 millones de quetzales reducirían la canasta básica de estos humildes paisanos. Demos un sonoro aplauso a don Lizardo, mero tatascán del Banguat, y que siga organizando cacerías de dólares en operaciones de mercado abierto (OMA), invirtiendo pisto del pueblo para mantener alto el precio de la moneda gringa y subsidiando a los cientos de miles de paisanos mojados que con mil esfuerzos y privaciones se convierten en nuestro principal renglón de exportación ante la falta de oportunidades de una sociedad injusta, discriminadora y excluyente. Parodiando un viejo eslogan capitalista: people is our best product, sigamos exportando nuestro mejor producto tradicional y no tradicional: carne humana mojada, mano de obra barata, paisanos con la puerta del desarrollo nacional cerrada a piedra, lodo e intolerancia. Lo único que falta al Banguat y a don Lizardín y su eficiente equipo de colaboradores para obtener cien puntos, es instalar agencias bancarias con servicio oficial gratuito en las cinco principales ciudades de Estamos Hundidos, de modo y manera que los guatechapines taloneadores del verde billete prescindan de intermediarios chuchos que pellizcan altas comisiones y engordan su propia olla a costa de remesas familiares de dólares mojados con sudor y lágrimas.

No se hable más.

Esta Tierra del Quetzal es madrastra para muchos a quien trata como chuchos a palos y con bozal, ante trato desigual y con cáncer de pobreza, ponen pies a su tristeza buscando un nuevo destino: cambiar tamal sabatino por desabrida hamburguesa.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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