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Cuerpo sano, corazón contento
Por Marco Augusto Quiroa - Guatemala, 10 de octubre de 2004
gatoviejo11@hotmail.com

Las sociedades mercantilizadas olvidaron beneficio social, tortilla compartida y solidaridad fraterna por el afán de lucro. En el mástil más alto flota libre al viento, la bandera de la explotación y escrita con letras de oro dolarizado, la consigna: hacer pisto a manos llenas y a como dé lugar. Aunque sea honradamente. Las empresas se fundan con el fin de meter uno y sacar diez, y cuando los márgenes de rentabilidad son más grandes, el empresario es ejemplo de buena administración y fiel cumplidor de las teorías neoliberales. La promesa: cuando la copa se derrame por optimizar la producción y el mercadeo, el beneficio llegará a la mara proletaria. La realidad: la copa sin fondo nunca se llena y el derrame no llegará jamás de los jamases. Nadie arriesga tiempo y capital en dar de comer al sediento y de beber al hambriento.

Dicen los neos que no hay almuerzo gratis ni buche de aguardiente sin poner el billete y somatar el mostrador. Todo lo que se mueve origina consumo de fichas y energía, y nadie da paso sin zapato tenis aunque sea de segundo hervor. La humanidad camina siguiendo la zanahoria en el palo y los dueños de la sartén lo saben y aprovechan la oscuridad del punto para, cuando es menester, cambiarla por otra más anaranjada, fresca y apetitosa. En nuestra entrañable Guatebuenita tan azotada por huracanes de injusticia social, cada quien reza para su santo y sólo mira el derecho de su nariz. La política de no mover maicitos está grabada en piedra y la ley del embudo amplía la boca para los chicos malos del penjáus y cierra la salida para el pobrerío del sótano dos. Continúa vigente la vieja máxima campesina: las gallinas de arriba ensucian a las de abajo.

En una sociedad dibujada a mano alzada con abismales asimetrías y desequilibrios estratosféricos, la palabra “empresario” destaca con caracteres estereotipados y sentencia de condena al octavo círculo y séptimo foso del infierno dantesco: el lugar de los ladrones. Por culpa de comportamiento pichicato, horas extras sin pago y matatuza en prestaciones, el hombre de la calle, el obrero que se gana la tortilla sudando la camiseta, ha colocado la imagen de comerciantes e industriales al nivel de petate. En el diccionario de la mara proletaria, algún patrón sale mal parado en conducta, aplicación y aprovechamiento: es evasor de impuestos, mal pagador de salarios, tacuazín entacuchado, recipiendario de privilegios y granjerías del gobierno de turno, fiel practicante del contrabando y cómplice de la mano de chimpancé en pesas y medidas.

Por suerte toda menstruación tiene su excepción y siempre hay alguien que encuentra y practica la fórmula mágica para equilibrar el interés personal y el beneficio social. Aunque cuide su propio corral, piensa en el corral ajeno. La única forma de convivencia pacífica en una sociedad de sectores enfrentados es salpicar y compartir el pastel sin matar la gallina de los huevos de oro. Es sabia y prudente la actitud de romper el anquilosado esquema tradicional y abrir nuevas ventanas hacia otra realidad que permita saltarse la talanquera de la pobreza y las carencias aconsejadoras de comportamiento delincuencial. Barriga llena y corazón contento traen consecuencias positivas en salud, educación y mejor calidad de vida.

Buscando a mi entrañable compadre Juanito Ixcoy para cobrarle deudas oxidadas, aterricé en Industrias Bioquímicas del Grupo Pharma, instaladas en los alrededores de Fraijanes, en donde encontró empleo estable y bien remunerado, desarrolla sus habilidades contando blisters de ranitidina, enfrascando antitusivos y expectorantes, o de guachimán en la bodega de 280 especificidades médicas en la empresa farmacéutica guatechapina con mayor diversidad de producción. Somos 180, dice, saludando a compas de San Andrés Itzapa y Villa Nueva, Mixco y San José Pinula, Sumpango y Santa Cruz Naranjo, y un etcétera geográfico de pueblos vecinos y zonas capitalinas que resume oportunidades para operarios y técnicos y ofrece programas de capacitación continua y servicio de transporte desde la capirucha y a la visconversa. El costo de los huevos fritos del desayuno y el pollo con loroco del almuerzo es compartido en cafetería propia. Así como es el sapo es la pedrada. Todos comen lo mismo pero el precio es diferente para el profesional universitario, la secre en minifalda y el humilde obrero. Esta política permite a cada empleado satisfacer sus necesidades y aportar de acuerdo a sus posibilidades. Juanito se pavonea y presume con instalaciones donde el aire de cada ambiente se renueva en pocos segundos, ausencia total de motas y polvo, asepsia al cien por cien, control de calidad bajo la divisa aprendida de memoria “no hay margen para error” y el cumplimiento de exigentes normas internacionales ¡Qué te hacés tristeza! Nada de empirismo ni chapuces. Tecnología avanzada en fabricación y análisis, y gestión empresarial apoyada en filosofía de servicio

Ahora que Juanito se siente como pez en el agua, sin aguantar gritos ni malos modos, y acumula muchas horas de vuelo en eficiencia, imagen de acrisolada honradez y confianza a prueba de agua regia, tiene preparada solicitud firmada en papel sellado ante el ingeniero Rodolfo Luna y la licenciada Claudia Corado, meros tatascanes de este proyecto, para instalar en su residencia de El Mezquital, una más de las 350 Farmacias de la Comunidad en toda la República y llevar medicina barata, de alta y comprobada calidad, a la mara proletaria que padece presión alta y baja, diabetes, acidez y úlceras, diarreas, calenturas propias y ajenas, problemas respiratorios y circulatorios, concentración de ácido úrico, osteoporosis, chaquirrias en la piel y todo lo concerniente al ramo.

A pesar de las contradicciones, paradojas y contrastes propios del subdesarrollo, es posible imaginar y realizar otro tipo de relación laboral con ingredientes de justicia social, y producir para el neoliberal libre mercado a costos reducidos y bajo precio, sin retorcerle el brazo al ama de casa en permanente tronazón de dedos y al trabajador de salario mínimo que se ve en trapos de cucaracha para talonear el cuscún y el sagrado tapis, además de jubilados, personas de la tercera edad y pacientes con enfermedades crónicas.

Para no perderse en laberintos de Creta y reflexiones que se muerden la cola, Juanito Ixcoy sigue al pie de la letra la antigua receta griega: Mente sana y cuerpo sano con medicina barata.

Toda enfermedad ingrata entra por falta de guaro, y cuando el remedio es caro la pelona es muy barata, si el hospital no lo mata porque su mal tiene cura y piensa en vida futura para darle gusto al gusto ya se morirá del susto al recibir la factura.

Tomado de www.elperiodico.com.gt


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