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Peor que hace 50 años
por Marielos Monzón - 29 de junio de 2004

“ Estados Unidos intervino en Guatemala sin ningún sentimiento, actuó sólo para garantizar sus intereses. Hoy Guatemala todavía sufre las consecuencias”
Piero Gleijeses


Hace 50 años una invasión organizada, armada y financiada por Estados Unidos derrocó al gobierno democrático de Jacobo Árbenz, interrumpiendo un proceso de democratización y modernización de Guatemala iniciado por Juan José Arévalo. Los que siempre estuvieron en el poder volvieron a él.

La causa principal para dar el golpe y desatar la represión fue la Reforma Agraria o el Decreto 900, que entregó tierras a miles de campesinos y confiscó, pagando por ellos, los terrenos ociosos de la United Fruit Company.

El director de la CIA de entonces, Allen Foster Dulles, con intereses familiares directos en la United Fruit, lanzó la operación PB Success que inauguró 40 años de oscurantismo, muerte y represión en Guatemala.

Durante décadas continuó la campaña de mentiras sobre los verdaderos motivos de la invasión y el golpe. Hoy esa discusión es absurda, documentos desclasificados de la propia CIA, reconocen su participación y demuestran que EE.UU. tenía muy claro que Árbenz no era comunista.

Medio siglo después, es claro que las conquistas de la Revolución de Octubre fueron truncadas y hoy continuamos con alarmantes índices de pobreza, analfabetismo, desempleo y exclusión.

Sin embargo, es en el tema de la tierra, donde quizá, se siente más el daño. La tenencia de la tierra fue central hace 50 años y lo sigue siendo hoy. El resultado de medio siglo de contrarrestar formas es que el 4% de la población tiene en sus manos el 62.5% de las tierras cultivables del país; como contrapartida, cientos de miles de campesinos e indígenas viven en la miseria y sufren superexplotación laboral.

Hoy, en el año 2004, la vida en las fincas de Guatemala se parece más al feudalismo, e incluso a la esclavitud, que al capitalismo que decían defender los que derrocaron a Árbenz. Los mismos intereses y los mismos sectores que hace 50 años atacaron la democracia, hoy defienden e instrumentan la represión como respuesta a los reclamos de tierra y trabajo digno.

Con aciertos y errores, Árbenz defendió un proyecto de nación, incluyente e impulsor de la justicia social. Nadie puede decir cómo estaría Guatemala hoy si Árbenz hubiera terminado sus reformas. En cambio, sí se puede decir cómo ha dejado a Guatemala la aplicación del modelo contrario al que defendía Árbenz: estamos peor que hace 50 años.

Tomado de Prensa Libre - www.prensalibre.com


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