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Detrás de la violencia
por Marielos Monzón - Guatemala, 20 de julio de 2004

La seguridad ciudadana requiere de una respuesta integral, democrática e incluyente.

Mucho se ha hablado en los últimos días sobre la violencia en Guatemala. Las cifras de muertos parecen ser las de un país en guerra. Frente a la barbarie muchas voces se han alzado pidiendo “mano muy dura” y señalando la necesidad de reprimir para controlar y frenar a los delincuentes. El gobierno anunció que fuerzas combinadas del Ejército y la Policía saldrán a patrullar las calles y se dará especial atención a las zonas rojas.

Coincidentemente, esas zonas corresponden a los sectores más empobrecidos del departamento de Guatemala. Criminalizar la pobreza resulta siempre la salida más fácil, aunque nunca dé los resultados esperados.

La experiencia guatemalteca y la del resto de países latinoamericanos demuestra que el tratamiento superficial del fenómeno, lejos de disminuirlo lo acrecienta. Nos enfrentamos hoy a un escenario con víctimas y victimarios estereotipados: Los delincuentes son muchachos jóvenes, pobres, que pertenecen a pandillas y tienen ascendencia indígena; vienen de familias desintegradas y tienen el cuerpo cubierto de tatuajes. Las 283 mujeres asesinadas en lo que va del año, según palabras del presidente Berger, tenían vínculos con las maras.

Cito algunas cifras para poner el problema en perspectiva: Se calcula que en Guatemala existen 150 empresas de seguridad privada, de las que sólo 93 están registradas; hay 64 mil hombres armados en el país, 70% de los cuales no tienen registro alguno.

El monto total invertido en empresas de seguridad supera en una vez y media el presupuesto de la PNC y duplica su número de efectivos. Se estima que hay más de 25 mil jóvenes que integran las pandillas muchas de las cuales tienen vínculos con bandas del crimen organizado y narcotráfico; que los utilizan como “carne de cañón” para realizar actos ilícitos y mantener el clima de zozobra en la población, que los beneficia directamente para seguir manteniendo el control.

Garantizar la seguridad ciudadana requiere de una respuesta integral, democrática e incluyente. Las medidas para erradicar la violencia pasan por combatir al crimen organizado, al narcotráfico y a la delincuencia, pero también por disminuir la brecha de la desigualdad y garantizar el acceso a una vida digna a los sectores excluidos de la población.

Mientras esto no suceda, unos continuarán amurallándose y escondiéndose tras cercas electrificadas; otros organizándose para defenderse y sobrevivir; y algunos más aprovechándose de las facilidades que les da una sociedad como la guatemalteca que no invierte en su gente y permite la existencia de cuerpos clandestinos amparados en el poder.

Tomado de Prensa Libre - www.prensalibre.com


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