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Tambores de guerra
por Marielos Monzón - Guatemala, 14 de septiembre de 2004

“ Los tambores me recuerdan a los muertos de mi aldea”.

Desde hace varias semanas, en laciudad de Guatemala, el sonido de las “bandas de guerra” de diferentes institutos y colegios se ha hecho presente. Centenares de niños y jóvenes desfilan por las calles, al ritmo de tambores y trompetas.

Visten uniformes al mejor estilo militar y marchan portando espadas y hasta ballonetas. Dicen que los desfiles forman parte de las celebraciones patrias y que son una manera de inculcar civismo.


El sonido de los zapatos de los estudiantes contra el piso, y los gritos del “comandante” del pelotón traen a la memoria de miles de compatriotas, y a la mía propia, momentos difíciles y dolorosos.

La presencia del Ejército en las calles de las ciudades y los pueblos, ha sido y seguirá siendo en Guatemala, sinónimo de miedo y de muerte. Los informes Memoria del Silencio y Recuperación de la Memoria Histórica, dan cuenta de cómo las masacres venían precedidas de un fuerte contingente militar que recorría las calles del pueblo como anuncio de lo que vendría.

Durante los gobiernos de la dictadura, grupos de soldados recorrían las calles para resguardar el orden y proteger a la “ciudadanía honrada” de los delincuentes, que solían ser opositores políticos del régimen.

Doscientos cincuenta mil muertos dan cuenta de la crueldad de las operaciones de un ejército que convirtió a la población civil en la principal víctima de la represión. Por eso, resulta incomprensible cómo en las escuelas públicas y privadas, so pretexto de conmemorar las fiestas patrias, se siguen privilegiando prácticas que nos contagian de un espíritu guerrerista y autoritario.

Lo peor de todo, es que muchos de los estudiantes, no tienen la menor idea de lo que ocurrió en el país en los años de la guerra y no pueden entender lo que las botas y los uniformes han significado para miles de víctimas. La memoria histórica, está visto, no es uno de los elementos esenciales de la educación en nuestro país; pero sumarle a esta ausencia, un reconocimiento a los símbolos de la guerra, resulta irresponsable.

Una adolescente indígena que se vio obligada a participar en un “desfile militar” del establecimiento donde estudia, me contó, cómo mientras marchaba, su rostro se bañaba en llanto.

“No pude contenerme, era más fuerte que yo, trataba de explicarles lo que me pasaba, pero las palabras no me salían; los tambores me recordaban a los muertos de mi aldea”. Eso le pasa a los indios que vienen de familias comunistas, le oyó decir a una compañera, “les asustan las botas y los tambores”.

Fomentar los símbolos de una cultura autoritaria, intolerante y antidemocrática que tuvo en las fuerzas armadas su asidero, no es precisamente la mejor forma de ayudar a construir ciudadanía, la decisión gubernamental de permitir los desfiles y las bandas de guerra debe ser revocada.

Tomado de Prensa Libre - www.prensalibre.com


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