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OEA: una oportunidad en la crisis
Por Marielos Monzón - Guatemala, 19 de octubre de 2004

El escándalo por la renuncia de Miguel Ángel Rodríguez a la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), empujado por denuncias de corrupción en su contra, ha colocado a esta organización nuevamente en los primeros planos de los medios de comunicación.

Esta, sin embargo, no es la primera crisis de la OEA, ni siquiera es la más importante. Recordemos la negativa de EEUU de apoyar a la Argentina en su guerra contra Inglaterra en Las Malvinas.

La tolerancia, cuando no complicidad, con que la OEA actuó ante todas las dictaduras que asolaron el continente en las décadas de los 70 y 80 o la postura de apoyo a la oposición venezolana que adoptó su último secretario general, César Gaviria, contra el gobierno democráticamente electo del presidente Hugo Chávez; sólo corregida al final ante los números indiscutibles de las urnas.

Por eso, más allá de discutir qué región se hará cargo de la Secretaría General o si el perfil del nuevo secretario debe ser más técnico que político; lo que realmente importa, es cómo esta crisis se aprovecha para redefinir el papel de la organización continental.

En realidad, la OEA fue un instrumento de Estados Unidos para alinear políticamente a la región en el escenario de la guerra fría. Hoy ese escenario es obsoleto, los ejes del conflicto ya no son Este-Oeste, sino Norte-Sur, desarrollo y subdesarrollo.

La OEA y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) son algunos de los instrumentos del panamericanismo que permanecen. Nadie dice que deban ser eliminados, pero sí rediscutidos en sus formas y en sus contenidos.

Son varios los países de América Latina que promueven la necesidad de un verdadero foro político que represente la región y que potencie su voz. Así como hablan de un ALCA sin EE.UU., se atreven, por ahora en voz baja, a mencionar una OEA o algo en su lugar, sin EE.UU.

Otros más pragmáticos y moderados, hablan de ir a un proceso paulatino que limite la incidencia casi absoluta de Washington en las decisiones del organismo regional. En todo caso, esas son las cuestiones de fondo que están planteadas en el debate y pesan mucho más que las que nos muestran las crónicas superficiales.

Es desde esta perspectiva, que debe analizarse la elección en Centroamérica entre las candidaturas de Rosenthal, de Guatemala y Flores, de El Salvador. En realidad, se trata de la diferencia entre un diplomático serio y respetado, con antecedentes de independencia y un ex presidente allegado a los círculos de poder de Washington; esta disyuntiva, pues, es mucho más que la del lugar geográfico de nacimiento.

Tomado de Prensa Libre - www.prensalibre.com


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