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Causas y azares
Por Marielos Monzón - Guatemala, 16 de noviembre de 2004

Resulta que la izquierda que había muerto hoy hace gobierno y es una alternativa real.

Que el mapa político de América Latina ha sufrido cambios sustanciales y que los mismos, apuntan a nuevas propuestas de gobierno, alejadas de la hegemonía de la derecha no es novedad. Tanto ha sido el cambio, que quienes afirmaron hasta hace poco tiempo, que las ideologías habían muerto y que derecha e izquierda eran categorías obsoletas, hoy se ven obligados a utilizarlas para explicar la realidad.

El gobierno de Lula Da Silva y el Partido de los Trabajadores en Brasil, el de Néstor Kirchner del ala más de izquierda del Partido Justicialista; el reciente triunfo electoral de Tabaré Vázquez y el Frente Amplio en Uruguay; la consolidación de Hugo Chávez y su movimiento Quinta República en Venezuela; son muestras muy claras que la preferencia de los latinoamericanos se ha corrido hacia la izquierda.

Abonan ese fenómeno, el triunfo en las elecciones municipales de Ricardo Lagos y la Concertación Democrática en Chile y también, la victoria del PRD de Torrijos en Panamá. Aún más, el innegable avance político del Frente Sandinista que triunfó en 17 capitales departamentales en Nicaragua y la posibilidad real de un triunfo del PRD, con las figuras de Manuel López Obrador y Cuauhtemoc Cárdenas, en México. Esto es parte de la realidad y por más que se esfuercen ya no la pueden ocultar.

¿En qué se refugian, entonces, los partidarios de la derecha para explicar el avance de la izquierda latinoamericana? Ahora parece que todo se reduce a la falla de los liderazgos.

Ante eso es muy importante señalar algunas cosas. La corrupción no fue un hecho aislado, fue un común denominador de los regímenes y líderes que representaron al neoliberalismo.

El modelo de privatizaciones, reducción del Estado y apertura indiscriminada de la economía, lo único que provocó fue un carnaval de corrupción y robo y además, más pobreza y miseria. Lo que hizo crisis fue el modelo que nos vendieron como el único posible y por eso sus representantes han caído en el descrédito y rechazo popular.

El desafío de la izquierda, no es solamente terminar con la corrupción; es en primer lugar terminar con la pobreza y la dependencia, recuperar la política como ámbito de acción colectiva y de servicio público. Tendrán grandes dificultades, entre otras cosas porque reciben países arruinados y endeudados, tras el predominio neoliberal y el saqueo a las finanzas y las empresas públicas.

Por suerte, otros vientos están soplando y cada vez, llegan a más países del continente. Es tan fuerte el viento que los neoliberales, antes soberbios y amigos de darnos lecciones, están desorientados: se sabían todas las respuestas, pero ahora no les sirve de nada, porque les cambiaron todas la preguntas.

Fuente: www.prensalibre.com


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