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El imperio contra ataca
Por Marielos Monzón - Guatemala, 4 de diciembre de 2005

No se deje presidente, gritó un portador de VIH al paso de Berger

Sin ningún tipo de diplomacia, mucho menos de disimulo, los representantes comerciales estadounidenses arremetieron contra el Gobierno y el Congreso de Guatemala por la derogatoria del decreto 9-2003 que limitaba la venta de los medicamentos genéricos.

Las presiones se habían dado con anterioridad a través de congresistas y senadores gringos, incluido el actual esposo de Zury Ríos.

Acostumbrados como están a que las presiones surten efecto casi inmediato, los estadounidenses subestimaron el poder que los industriales guatemaltecos tienen sobre el Gobierno y no calcularon que se daría la sanción.

Hay que estar claro que la venta de medicina de marca en Guatemala, no representa para las farmacéuticas transnacionales una gran porción de mercado; las presiones y la participación directa de un peso pesado como Robert Zoelick, Secretario de Comercio, responden a un objetivo mucho mayor: sentar un precedente de protección comercial para generalizarlo en todos los países subdesarrollados.

Los industriales nacionales defienden sus intereses y presionan; y el gobierno de Estados Unidos actuando como vocero de las farmacéuticas transnacionales, sector que después de la industria armamentista y la del petróleo es el que más dinero pone para financiar las campañas electorales, presionan y buscan usar a Guatemala como un banco de pruebas para el resto de los países pobres.

El asunto es no caer en esa pinza de intereses y definir claramente que la venta de medicamentos genéricos no es un problema comercial, es un problema de salud pública; la diferencia entre la vida y la muerte para miles de guatemaltecos.

Autorizar la comercialización de genéricos es para el Estado guatemalteco una obligación moral, legal y económica.

Sería bueno, ver por una vez, al Gobierno y al Congreso juntos, defendiendo una decisión justa, legalmente irreprochable y soberana.

Lamentablemente los antecedentes nos hacen pensar, que el desenlace será otro y que el pavor a quedar fuera del CAFTA, hará que una vez más, nos sometamos a las órdenes de la Casa Blanca.

Hay que sacar lecciones de esta actitud de EE.UU., esta nueva intromisión en los asuntos internos de Guatemala, demuestra que el CAFTA solamente está hecho para beneficiar a las industrias e intereses estadounidenses.

Esta misma actitud ha transformado al ALCA en un cadáver político y ha alumbrado en América del Sur intentos serios de conformar un bloque comercial que atienda los intereses latinoamericanos.

Es hora ya de dejar de mirar y rendir pleitesía al norte y someternos a todos sus deseos, hay que mirar hacia el sur y defender nuestros derechos soberanos.

Hay que mantener el decreto 30-2004, salirnos del CAFTA que sólo beneficia a EE.UU. y sumarnos a los esfuerzos de unidad latinoamericana para un acuerdo comercial justo y conveniente. Con la salud no se negocia.

Fuente: www.prensalibre.com


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