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Las lecciones de la historia
Por Marielos Monzón - Guatemala, 1 de febrero de 2005

“La memoria es un puerto de partida”
Eduardo Galeano


Ayer se cumplieron 25 años de la masacre en la embajada de España, en la que fueron quemadas vivas 37 personas, torturado y asesinado el único sobreviviente de los ocupantes y asesinados tres estudiantes de la USAC, durante el sepelio. Mucho se ha escrito en estos días sobre la historia; 25 años después, algunos continúan con una supuesta polémica para negar lo que realmente ocurrió.

El caso ha sido debidamente documentado y entre otros está registrado en el Informe Guatemala: Memoria del Silencio de la CEH, bajo el título “Caso Ilustrativo No. 79”. Lo que ocurrió el 31 de enero de 1980, fue una masacre, ordenada por el dictador Romeo Lucas García y ejecutada bajo las órdenes de Donaldo Álvarez.

Sin embargo, esta columna, no está dirigida a los hechos históricos, sino a las implicaciones en el presente, del ejercicio represivo del poder y de la influencia perniciosa y destructiva de la impunidad.

Las dictaduras militares respondieron a todas las demandas y reclamos, con represión. No aceptaron ningún espacio de discusión, ningún ámbito de denuncia, nada. Los campesinos que reclamaban por su vida, por mejores salarios, por el respeto de sus derechos, fueron acusados de guerrilleros y masacrados.

Esa actitud de la dictadura favoreció un proyecto de país que beneficiaba a unos pocos y sometía a la pobreza y la exclusión a la mayoría. Hoy, tenemos un gobierno democrático y sin embargo, la respuesta ante la movilización social y las demandas campesinas es la represión.

El proyecto de país que se impone igualmente beneficia a los poderosos de siempre y mantiene en la exclusión a la mayoría. Salvando las diferencias de magnitud, la respuesta del Estado en Nueva Linda, Samayac y Los Encuentros, es, en esencia, la misma.

Ayer y hoy, los campesinos y trabajadores recurren a los mecanismos legales, al Congreso, al Organismo Judicial, reclaman instancias de negociación, se les cierran las puertas y se les responde con balas.

La historia debería enseñarnos que cerrar todos los espacios y reprimir los reclamos, no elimina los problemas; solamente genera desesperación, radicaliza las protestas y conduce a una espiral de violencia. El otro elemento presente hace 25 años fue la impunidad: quienes ordenaron y ejecutaron la masacre de la embajada de España, estaban seguros que no afrontarían las consecuencias de sus actos.

Pasado un cuarto de siglo, siguen impunes y recibiendo protección. Hoy vivimos una situación parecida, no hay detenidos por los 14 muertos en Nueva Linda, ya se busca justificar al hijo del finquero que asesinó siete campesinos en Samayac y no hay investigación por la represión en Los Encuentros.

Hay que aprender de la historia, abrir espacios de diálogo para encontrar salidas a los reclamos sociales; esa es la única manera de salir del espiral de violencia, muerte y exclusión en que estamos sumidos hace bastante más de 25 años.

Fuente: www.prensalibre.com


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