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En el mundo del revés
Por Marielos Monzón - Guatemala, 19 de abril de 2005

Ahora los patos le tiran a las escopetas.

El martes pasado Estados Unidos una vez más logró su objetivo, renovado todos los años, de forzar una condena a Cuba por “violaciones flagrantes y sistemáticas a los Derechos Humanos”.

La votación fue de 21 votos a favor, 17 en contra y 15 abstenciones. La moción estadounidense recibió el respaldo de los países de la Unión Europea, de Japón y de cuatro naciones latinoamericanas: Guatemala, Honduras, Costa Rica y México.

Ningún país de América del Sur la votó, tampoco la acompañaron la mayoría de los países de Asia y África. En realidad, fue una votación de los poderosos contra los países pobres, con la salvedad del voto de los centroamericanos y México.

Hay que destacar que más del 90% de las condenas en la Comisión fueron contra países pobres y Estados Unidos no recibió ninguna condena, a pesar de las denuncias por torturas en Abu Graib y todo tipo de violaciones en Irak, Afganistán y la base militar de Guantánamo, donde hay alrededor de 600 prisioneros víctimas de torturas y sin ninguna garantía de respeto a sus derechos fundamentales.

Otro aspecto que importa destacar, es que contrariamente a lo que se difunde, Cuba nunca se ha negado a rendir cuentas y abrir sus fronteras a los mecanismos normales de control de derechos humanos que tiene la ONU.

Lo que rechaza el Gobierno de la isla es que se resuelvan mecanismos especiales y se lo condene, porque entiende que es una injusticia si se compara la situación en Cuba con la de otros países a los que no se les trata igual.

Pero nos preocupa especialmente el voto de Guatemala, que muestra, una vez más, el sometimiento casi absoluto de nuestra política exterior a los dictados e intereses de Washington. EE.UU. reclamó que se anulara la derogatoria del decreto 9-2003 y eso hicimos; exigió que el próximo secretario general de la OEA fuera Francisco Flores, Guatemala retiró a Gert Rosenthal y apoyó a Flores; como no funcionó su candidatura, la Casa Blanca optó por respaldar al mexicano Derbez, y también cumplimos. EE.UU. reclamó apoyo para condenar a Cuba y les dimos el voto.

En los días previos a la sesión, Gustavo Porras, secretario de la Presidencia en tiempo de Arzú, reveló las presiones sufridas, que incluyeron llamadas de Madeleine Albrigth para reclamar que Guatemala condenara a Cuba; pero el objetivo no se logró. Este año el emisario fue Donald Rumsfeld, que encontró más eco en el gobierno de Berger.

Lo que no se puede entender es con qué autoridad moral nuestro país -que bate record en asesinatos de mujeres, amenazas de muerte y agresiones a defensores de derechos humanos y líderes sociales; o donde en los desalojos se ejecutan extrajudicialmente a campesinos y maestros- condena a Cuba y además sigue recibiendo su ayuda humanitaria. Esto sí que es ver el mundo al revés.

Fuente: www.prensalibre.com


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