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... y con el mazo dando
Por Marielos Monzón - Guatemala, 17 de mayo de 2005

La crisis del petróleo desnuda una vez más el fracaso de la privatización.

La discusión sobre el impacto del denominado shock petrolero sobre la economía centroamericana en general, y la guatemalteca en particular, está adquiriendo el nivel y la dimensión que debería haber tenido desde el principio.

El aumento del precio del petróleo y sus derivados es sin duda un factor importante en la profundización de la crisis y en el aumento imparable del costo de vida que sufrimos día a día las y los guatemaltecos.

Según datos de un reciente estudio del Colectivo de Organizaciones Sociales (COS), la gasolina superior aumentó 55.6% entre el 2002 y el 2005, y entre el 2004 y el 2005 aumentó un 25%. En cuanto al diésel, utilizado por el transporte público y también en la producción agrícola, se elevó 90.2% entre el 2002 y el 2005 y 48.7% si se mide el último año.

El Gobierno, basándose en el dato cierto del impacto de los precios del petróleo, quiso, sin embargo explicar la crisis sólo por factores externos y, por lo tanto ajenos, a su responsabilidad.

Intentó responder con la misma receta que produjo la crisis y que además nos dejó indefensos ante sus graves consecuencias.

El estudio del COS agrega un dato muy interesante y muy ilustrativo al respecto. A pesar de que las exportaciones petroleras de Guatemala aumentaron, en 1995 significaban US$32 millones y en 2004 tuvieron un valor de US$178.7 millones, los beneficios fueron solamente para las transnacionales, ya que el Estado recibió por regalías solamente Q375 millones.

A ello hay que agregar que investigaciones de prensa develaron que parte del incremento del combustible se debe a la actitud irresponsable de los distribuidores privados, que en medio de la crisis aumentaron el margen de ganancia.

Es decir, una vez más, en esta crisis no perdimos todos. Perdimos los millones de guatemaltecos que dependemos de nuestro salario, pero volvieron a ganar las transnacionales y los empresarios privados que monopolizan la importación y distribución de combustible.

Finalmente, parece que el presidente Óscar Berger, ante la gravedad de la situación, decidió hacer algo más que rogarle al señor que bajen los precios y se va a reunir con el presidente venezolano Hugo Chávez. Las opciones son tres: revivir el Pacto de San José, ratificar el Acuerdo Energético de Caracas o integrarse de lleno a las negociaciones del ALBA y de la complementación productiva.

En todo caso, es hora de que el Gobierno tome medidas, proteja a los ciudadanos, limite la voracidad de los operadores privados que quieren aumentar el lucro aun en medio de la crisis y vele por los intereses de Guatemala y no por engordar las cuentas bancarias de las petroleras.

Fuente: www.prensalibre.com


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