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Hasta los amigos critican
Por Marielos Monzón - Guatemala, 24 de mayo de 2005

¿Tú también, Brutus?
Julio César


El miércoles 18 de mayo se inauguró la XXVI Asamblea Anual de la Asociación Latinoamericana de Industrias Farmacéuticas (Alifar).

Para participar de la misma llegaron a Guatemala industriales farmacéuticos de todos los países de América Latina que manejan inversiones millonarias en dólares, emplean miles de personas y tienen un peso significativo en la producción de sus respectivos países.

A la inauguración concurrió la plana mayor del Gobierno: el presidente de la República; el ministro de Salud Pública; el viceministro de Economía, Enrique Lacs; el comisionado de la Presidencia y uno de los asesores más cercanos a Berger, Miguel Fernández , y Rigoberta Menchú.

Los discursos, como era de esperarse, giraron alrededor de la preeminencia del derecho a la salud sobre el de la propiedad intelectual y de la amenaza que los tratados de libre comercio que impulsa Estados Unidos constituyen para la población que se verá imposibilitada de comprar medicamentos baratos y de calidad, y para las industrias nacionales que no podrán competir con la regulación impuesta por los tratados.

En un salón lleno a tope, el secretario ejecutivo de las farmacéuticas nacionales, Luis Velásquez, recordó que emplean directamente a nueve mil personas, generan más de 150 mil empleos indirectos y exportan más de US$165 millones sin ningún tipo de subsidio.

Enfatizó que el Gobierno de Guatemala en el tema de medicamentos no sólo no les tomó en cuenta, sino que se limitó a aprobar textualmente lo propuesto por EEUU en el TLC.

Miguel Izaga, presidente de Alifar, fue más lejos y afirmó que los TLC son una estrategia “neoimperialista” y “neocolonial” de Estados Unidos, que es el único beneficiado con ellos.

Indicó que las transnacionales farmacéuticas logran una sobreprotección, más allá de lo que establece la OMC, y que lo que buscan es asegurarse un mercado cautivo y una situación casi monopólica.

Cuando hizo uso de la palabra, el presidente Berger, visiblemente molesto por ese inesperado giro crítico, no contestó ninguno de los señalamientos, solamente dijo que el TLC es una oportunidad y no hay que tenerle miedo.

La actividad tuvo una gran cobertura de medios nacionales, sin embargo, casi ninguno reflejó esta polémica ni los cuestionamientos realizados.

En el salón no había ningún representante del Movimiento Indígena, Campesino, Sindical y Popular ni tampoco de Mesa Global o el bloque antiimperialista, tampoco había pancartas ni policías antimotines.

Sin embargo, las críticas fueron implacables y hechas directamente al oído del presidente, que tuvo que escucharlas sin gases lacrimógenos de por medio. Tan malo es el TLC que hasta los amigos critican.

Fuente: www.prensalibre.com


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