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El financiamiento de los partidos es vital en el fortalecimiento de la democracia.
Por Marielos Monzón - Guatemala, 12 de junio de 2005

El papel de los partidos en una sociedad democráti ca es clave. Algunos politólogos dicen que la calidad de la democracia se mide por la calidad de sus partidos.

Esta afirmación es un tanto absolutista, porque los canales de participación ciudadana no pueden ni deben agotarse en los partidos. Sin embargo, son las instituciones que permiten la gestión democrática del poder.

La crisis de representatividad política que vive Guatemala se explica por factores propios y otros que son comunes en América Latina. Esta crisis tiene como trasfondo la hegemonía de un discurso que planteó como eje el desprestigio de la política y de toda acción colectiva.

Se llegó al extremo de rechazar la intervención de la política en los asuntos económicos, para que no interfiera en la acción del mercado.

La misma tiene su expresión en el cuestionamiento al Estado, que abonó la ola de privatizaciones, la eliminación de controles y la cooptación de los espacios públicos.

Es tal la campaña de desprestigio sobre la política que los candidatos presentan como una cualidad favorable no tener experiencia política y no pertenecer a ningún partido.

De esta corriente de outsider político, el máximo exponente fue Alberto Fujimori, en Perú. La realidad es que las privatizaciones produjeron oleadas de corrupción, mordidas y cooptación de las estructuras políticas.

En Guatemala, a este problema se agrega la debilidad de toda la institucionalidad, la presencia de un Estado racista y excluyente, y la desaparición de una generación entera de cuadros políticos y sociales por la represión.

En este marco cobra vital importancia la discusión sobre las formas de financiamiento de los partidos.

La propuesta de aumentar a Q30 el monto por cada voto recibido tiene sentido si se busca fortalecer la estructura interna y el papel de intermediación que los partidos deben desempeñar.

Subsidiar a los partidos resulta imprescindible para evitar que el financiamiento de las campañas quede en manos de sectores de poder económico que condicionen la actuación política o de grupos del narcotráfico y el crimen organizado.

En muchos países de América Latina y de Europa, los partidos reciben más del triple de dinero por cada voto recibido, pero a la par del financiamiento existen verdaderas estructuras partidarias, trabajo de militancia, de reflexión política y construcción democrática de las agendas y los puestos de elección. Además se cuenta con legislación que abona a la transparencia y a la auditoría social.

El financiamiento de los partidos es vital en el fortalecimiento de la democracia. Guatemala necesita de partidos fuertes, representantes reales de los distintos sectores sociales y canales de participación ciudadana.

Debemos trabajar para tener partidos políticos definidos por un programa, una ideología y una base social clara, muy diferentes a las plataformas electorales o sellos que se negocian para los intereses de alguien que los puede pagar.

Fuente: www.prensalibre.com


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