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Un millón de niños trabajadores
Por Marielos Monzón - Guatemala, 14 de junio de 2005

“Una sociedad se conoce por como viven sus niños”. Joseph Stiglitz.

El pasado domingo se conmemoró el Día mundial contra el trabajo infantil. En el año 2001 nuestro país firmó el Convenio 182 de la OIT sobre las peores formas de Trabajo Infantil y está vigente desde el 2003 la Ley de Protección Integral de la niñez y la Adolescencia.

Pero esos dos instrumentos legales están muy lejos de aplicarse. Según datos de la OIT, en el Istmo existen dos millones 300 mil niñas y niños trabajadores. En Guatemala se calcula que 937 mil 530 menores de entre 5 y 17 años trabajan.

El hecho que casi un millón de niños y niñas guatemaltecas se vean obligados a trabajar, muchos de ellos en situaciones de alto riesgo, es grave. El trabajo infantil implica una ruptura de la infancia, de las actividades naturales que los niños tienen y deben hacer y una dramática violación a sus derechos; particularmente a los de educación, salud y recreación.

Y no estoy hablando del trabajo voluntario o las tareas que desempeñan y que contribuyen a su formación como personas.

El trabajo infantil en Guatemala reproduce geométricamente la desigualdad, la pobreza y el analfabetismo porque una parte importante de la generación que tendrá que hacerse cargo de los destinos del país en las próximas décadas, está obligada a trabajar para sobrevivir y no tiene ninguna oportunidad de desarrollo.

A ese millón de niñas y niños no les espera otro futuro que seguir en el círculo de la pobreza, el analfabetismo y la desprotección social.

A lo anterior hay que agregar los niveles de explotación a los que son sometidos: reciben menos salario por la misma tarea, como pago se les da únicamente un plato de comida, su trabajo se considera un complemento obligatorio al que realizan sus padres y cumplen jornadas que van más allá de las 12 horas de trabajo.

Según datos de organizaciones especializadas en el tema, existen por lo menos 11 actividades laborales peligrosas en las que la niñez está implicada: explotación sexual, construcción, elaboración de cohetes, picado de piedras, tráfico de drogas y la agroindustria, entre otras.

Estamos construyendo un sistema económico sobre la base de la explotación y la mano de obra infantil que garantiza rentabilidad y competitividad y esto no es posible. Estamos fomentando una práctica que enraiza y profundiza los graves problemas estructurales del país.

Hay que iniciar por erradicar definitivamente las peores formas de trabajo infantil y continuar con un plan nacional de erradicación progresiva que, entre otras cosas, brinde alternativas laborales y salariales a padres y madres de familia y no criminalice su pobreza.

Hay que tomar cartas en el asunto y no maquillar el problema. El Gobierno tiene la obligación constitucional de proteger a la niñez y garantizarle un desarrollo integral. Un millón de niñas y niños no pueden esperar más.

Fuente: www.prensalibre.com


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