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El miedo es mal consejero
Por Marielos Monzón - Guatemala, 12 de julio de 2005
marielosmonzon@hotmail.com

En estos días han corrido ríos de tinta sobre las consultas populares; los sesudos editoriales y análisis parten de distintos enfoques, pero tienen un común denominador: el miedo. Se trata de un miedo muy especial, muy dañino, es el temor visceral, de los que están acostumbrados al monopolio del poder y la verdad, a la participación de la gente.

El tema tiene por lo menos dos dimensiones claves: la jurídica y la política, en casi todos los alarmados llamados de estos días, aparentemente se habla sólo de una, la jurídica; pero cómo es imposible hablar de leyes sin hacerlo a la vez del contenido y la intención política que éstas tienen, se disfraza y se silencia este otro aspecto.

Hay que respetar la Constitución, dicen algunos; es el fin del estado de Derecho, exclaman otros; vamos hacia la disolución del Estado y la anarquía, sostienen los más alterados.

Nada de eso. Los mecanismos legales existen y si no existieran habría que crearlos. Las consultas populares tienen rango constitucional, las que se realizan por el Código Municipal, están claramente reglamentadas y las que se han hecho respetando las costumbres de las comunidades, se amparan en el Convenio 169 de la OIT, que en Guatemala no es más que la Constitución, pero tampoco menos.

No hay ningún caos jurídico, lo que hay es una demostración evidente de la intención política de silenciar a las comunidades, de seguirles negando voz y voto, de imponer los puntos de vista de un reducido núcleo, que en nuestro país ha mantenido el poder y no quiere perderlo, y ni siquiera quiere abrir espacios mínimos para la expresión popular.

El problema de fondo de las consultas, no es jurídico, es político. Es nada más ni menos, que definir si se avanza hacia un Estado participativo, incluyente y democrático o si seguiremos eternamente en una democracia mutilada y una institucionalidad de la cual cientos de miles de personas se sienten ajenas. Es definir si respetaremos los canales democráticos para dirimir los conflictos sociales o los cerraremos dejando como única vía la protesta y la violencia.

En Comitancillo, en Sipacapa y en Río Hondo, han elegido el camino de la legalidad y de la participación democrática; hay que escucharlos y abrir las puertas y ventanas de la democracia para que entre el viento de la opinión ciudadana.

Pueden seguir intentando ignorarlos o reprimirlos, antes lo hicieron con las masacres; hoy, con una interpretación trasnochada y limitativa de la ley. Lo que queda claro, es que la gente seguirá paciente y tenazmente buscando caminos para hacer escuchar su voz y las comunidades defendiendo su legítimo derecho a decidir qué hacer y qué no con sus recursos y su tierra.

Fuente: www.prensalibre.com


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