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Solidaridad en la tragedia
Por Marielos Monzón - Guatemala, 11 de octubre de 2005
marielosmonzon@hotmail.com

“Que esta tragedia nos acerque a un país más equitativo y justo”. Eduardo Stein

Las cifras oficiales entre muer- tos y desaparecidos por la tormenta Stan suman mil 36.

Sin embargo, las organizaciones comunitarias, sociales y algunas agencias de cooperación, aseguran que el número podría duplicarse.

El vicepresidente Eduardo Stein, en una entrevista exclusiva con Radio U, explicó que las autoridades basan los datos en información comprobada, pero que la magnitud del desastre y las zonas a las que no puede ingresarse, elevarían las víctimas considerablemente.

Las voces de auxilio continúan escuchándose y la angustia de los pobladores de comunidades que han quedado incomunicadas y que no han recibido ayuda, son quizá la preocupación más urgente que hay que resolver.

Hay denuncias concretas sobre la falta de apoyo médico y alimenticio que se ha tenido en poblaciones de San Marcos, Retalhuleu y Sololá; se habla de una excesiva concentración y centralización en la distribución, lo que dificulta llegar a mayor número de personas.

Organizaciones campesinas denunciaron que se impidió su trabajo y el paso hacia comunidades donde urge la evacuación y la asistencia.

Hay que destacar también la solidaridad que se ha hecho manifiesta a través de instituciones humanitarias y de las propias organizaciones comunitarias que han apoyado, llevando incluso a pie ayuda a sus conciudadanos.

Lo anterior, contrasta con el avorazamiento de algunos comerciantes que elevaron al triple el precio de productos de consumo básico, del agua y los combustibles; o con la indiferencia manifiesta en declaraciones de algunos funcionarios, que minimizaron en un inicio la tragedia y dieron respuestas muy escuetas sobre la cantidad y el tipo de ayuda que se requiere.

En el fondo, esta tragedia desnuda, una vez más, la inequidad y la vulnerabilidad de amplios sectores de nuestra población que viven en condiciones infrahumanas y que son como siempre, los que ponen los muertos.

Además de la ausencia de una política ambiental con estrategias que permitan minimizar los impactos de estos fenómenos naturales, que cada vez son más perjudiciales, precisamente por la intervención humana irresponsable.

Este no es un momento de banderas políticas ni de marketing empresarial, es un tiempo de solidaridad y ayuda.

No se puede esperar a repartir los víveres y medicamentos hasta contar con bolsas plásticas con logos de los patrocinadores, no se vale esperar a que haya buen tiempo para realizar un show mediático y hasta ese momento sacar la ayuda de las bodegas.

Esto no puede ser. Es tiempo de solidaridad, de coraje y es tiempo de repensar el país.

No se puede morir un niño más por falta de agua y leche ni durante la emergencia ni después.

Fuente: www.prensalibre.com


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