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Ala, qué horrible el Stan
Por Marielos Monzón - Guatemala, 1 noviembre de 2005
marielosmonzon@hotmail.com

No se puede reconstruir San Marcos desde La Cañada o Europlaza.

Al mejor estilo de la Jacqui, el conocido personaje de Celia Recinos, una distinguida dama de la sociedad guatemalteca, que estaba sentada al lado mío en un kiosco de café, se refería a lo terrible que había sido para ella el Stan.

“Imagínate, se había caído una rama de árbol cerca de la entrada a la casa, el taxi no me pudo dejar enfrente y tuve que caminar sola una cuadra... lo peor es que voy a tener que dejar de ir porque no hay gasolina para la lancha”, dijo consternada la mujer. ¡Ala, qué horror! le contestó su acompañante en tono compungido.

El resto de la conversación, ni me lo quiero imaginar. La pobre señora se consideraba una víctima más de la tormenta que azotó el país porque su casa de descanso en la playa, a la que no le había pasado nada, dejaba de servirle hasta que no tuviera combustible para sus motos acuáticas.

Los muertos y desaparecidos de Sololá y San Marcos y los destrozos de miles de familias en la costa sur que lo perdieron todo son sólo un detalle, de lo cual seguramente ni se enteró o si lo hizo, poco le importó.

O a lo mejor ella también colocó su aporte a la salida de uno de los supermercados, después de efectuar sus compras semanales. Pero no entendió nada. El resumen de sus angustias, tiene mucho que ver con las causas de la tragedia, en una Guatemala donde la desigualdad y la inequidad son el pan nuestro de cada día.

Y es que el comentario de la señora, que reproduce en su conversación el sistema de exclusión y dominación, desnuda la verdadera tragedia de nuestra sociedad.

La apreciación de la señora, no dista mucho de las primeras declaraciones del presidente Berger cuando argumentó que no era para tanto y que la gente estaba acostumbrada a vivir así. Lo que queda evidenciado es la visión de la clase dominante del país, para los que hay guatemaltecos de primera y de segunda categoría, y en donde lo que cabe es la caridad y no la transformación de las estructuras injustas.

Algunas voces disonantes dentro del Ejecutivo hablan de la necesidad que la reconstrucción dé pie a una vida más digna para la gente. Sin embargo, los hechos dejan bien claro cuáles son las prioridades y quiénes serán los grandes beneficiados.

Apresurar la aprobación de la ley de concesiones, que dé pie a que la iniciativa privada emprenda la reconstrucción; dejar la puerta abierta a los contratos sin licitaciones son claros ejemplos de la visión que está privando.

Hasta ayer, había certeza de cuántas cabezas de ganado se habían perdido, pero no de cuántos niños y niñas exactamente fueron víctimas y qué tipo de atención necesitan. Por allí tendríamos que empezar a establecer las prioridades, si queremos que el Stan no se convierta en otra oportunidad para tener más de lo mismo.

Fuente: www.prensalibre.com


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