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¿En paz?
Por Marielos Monzón - Guatemala, 2 de enero de 2007
marielosmonzon@hotmail.com

Acuerdos de paz: una década en claroscuro” (Publicación feminista La Cuerda).

El viernes 29, se cumplieron 10 años de la firma de los acuerdos de paz, que pusieron fin a 36 años de guerra, durante los cuales, según la CEH, fueron asesinadas 200 mil personas, desaparecidas 50 mil, entre ellas cinco mil niños y niñas, 600 aldeas fueron arrasadas y un millón de personas fueron desplazadas.

Diez años es un período de tiempo, que como todo, depende de la perspectiva con que se mire, puede parecer muy largo y muy breve, para juzgar una empresa tan ambiciosa. Diez años son mucho en la vida de una persona y muy poco, en la historia de un país.

Por eso más que analizar punto por punto los acuerdos y su cumplimiento o no, parece más indicado dar una mirada a su impacto global sobre la sociedad, desde la perspectiva del significado profundo, político y social de la paz.

Entre los múltiples significados de la palabra paz, hay dos muy importantes: pública tranquilidad y reconciliación. Si analizamos la situación actual de nuestro país, podemos decir que en ninguno de los dos sentidos, transcurridos 10 años, hemos alcanzado la verdadera paz.

En Guatemala vivimos un clima de violencia inaudita, este año, fueron asesinadas violentamente seis mil 34 personas, 672 fueron mujeres y 510 niñas y niños. La impunidad, para los crímenes de ayer y de hoy impide cualquier posibilidad de reconciliación y además, mantiene el privilegio para los sectores más poderosos, que ayer usaban el Estado para reprimir y hoy lo mantienen secuestrado, impidiendo que juegue su papel de aglutinador y mediador social.

Desde el punto de vista social, las causas que provocaron y alimentaron la guerra, siguen igual o peor que hace 36 años. Los pobres son más y más pobres, continúa la concentración de la riqueza y de la propiedad de la tierra, y el racismo y la exclusión son llagas vivas de una sociedad profundamente enferma y desigual.

Paz en el latín viene de pac y de ese tronco común se derivan dos visiones muy distintas: la pax romana, que implica sometimiento e imposición por la fuerza; y pactus sum, que significa auto imposición de condiciones mutuamente aceptadas para construir la reconciliación y la convivencia común. Es a esta segunda paz a la que debemos aspirar y a partir de la cual debiera pensarse en eso que el gobierno llama “el relanzamiento de los acuerdos de paz”.

Queremos paz, no pacificación impuesta. Para ello es imprescindible, un diálogo social y político serio, profundo e incluyente, donde no haya temas vetados, ni voces silenciadas. Una reforma política que transforme nuestra sociedad y rescate los compromisos sustanciales de la paz.

Fuente: www.prensalibre.com


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