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Alerta roja
Por Marielos Monzón - Guatemala, 16 de enero de 2007
marielosmonzon@hotmail.com

Édgar Balsells: “Esta es una economía de puros privilegios”.

En menos de tres meses, la Junta Monetaria ha decidido el cierre definitivo de dos entidades bancarias. De acuerdo con la información proporcionada en ambos casos, la razón principal que habría motivado la decisión es que los accionistas se recetaron préstamos millonarios que los desencajaron y les dejaron sin liquidez.

En las dos oportunidades, quedó demostrada la incapacidad que tiene la Superintendencia de Bancos (SB) para controlar el accionar de la banca privada, la falta de transparencia del sistema financiero del país, la negligencia de las actuales autoridades monetarias y la impunidad que rodea a los grupos bancarios.

Así es este país, el de los privilegios para los de siempre. ¿Cómo es posible que, ante una estafa cometida en dos bancos del sistema y una financiera, no sólo no haya castigo para los responsables, sino que encima de todo sea la población –esa que cada vez está más pobre– la que con sus recursos, por medio del pago de impuestos, subsidie los delitos de los banqueros? Porque, al final de cuentas, los préstamos que el Banco Mundial ha hecho para financiar el Fondo de Protección del Ahorro hay que pagarlos, y resulta que terminan siendo muchos guatemaltecos, que ni siquiera tienen capacidad de ahorro y no utilizan jamás una cuenta bancaria, los que salen perjudicados.

También resulta inexplicable cómo puede el Gobierno mantener en el puesto al superintendente Willy Zapata después de sus contradictorias declaraciones en el caso de Bancafé, donde incluso anunció que no había peligro; y ahora, con lo sucedido en el Banco de Comercio, la excusa que da es que no se puede tener un auditor en cada banco.

Entonces, ¿para qué hay una Superintendencia de Bancos, si no hay capacidad de supervisión? ¿Para qué publican estados financieros bancarios, si la información que se presenta no es auditada por la SB, sino que proviene de las entidades a las que se supone que se debe fiscalizar?

Al final, el problema más grave que afrontamos es que la confianza en el sistema bancario se está deteriorando, y ninguna institución, por más sólida que sea, puede aguantar una corrida gigantesca producto del terror de los usuarios. ¿Cuánto más van a esperar para tomar las medidas correctivas, castigar a los responsables (banqueros y autoridades) y garantizar la seguridad y la transparencia del sistema?

El cierre de dos bancos y de una casa de cambio, y la iliquidez de los últimos meses, demuestran que el sistema no está tan sano como nos lo quieren pintar. Lo primero que hay que hacer es presentar en forma clara y precisa la situación de cada uno de los bancos del sistema y sus carteras, para evitar más sorpresas; cambiar la modalidad de supervisión de la banca privada y no poner ratones para vigilar a los gatos. Una dosis de justicia para estos casos de estafa, tampoco nos vendría nada mal

Fuente: www.prensalibre.com


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