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La izquierda en América Latina
Por Marielos Monzón - Guatemala, 6 de febrero de 2007
marielosmonzon@hotmail.com

Frei Betto: “No se puede esperar que las ollas de hierro y de barro convivan en armonía, dice la Biblia”

América Latina y, en particular, América del Sur, viven un cambio político importante; eso nadie lo discute. El debate parece concentrarse en qué tipo de cambio es el que está en proceso.

Según varios analistas, tres factores principales han incidido en este cambio: la profunda crisis económica y social provocada por la aplicación de las recetas neoliberales; la movilización social para resistir ese modelo, y la capacidad política de la izquierda de presentar propuestas diferentes y atractivas.

Como resultado de esto, América Latina vive una primavera democrática casi sin antecedentes históricos; las diferencias se están dirimiendo en las urnas, y eso no es un detalle menor.

En ese escenario, la izquierda ganó o participa en 11 gobiernos y es segunda fuerza en cuatro países más; sumadas las 14 elecciones realizadas entre 2004 y 2006, donde consiguió 100 millones de votos; tiene más de 700 parlamentarios y gobierna 65 grandes ciudades, entre ellas, varias capitales.

Ante esta realidad, la derecha y los grupos tradicionales de poder intentan explicaciones, y sus representantes más lúcidos aún se equivocan. En lugar de analizar a fondo la nueva realidad y ensayar respuestas políticas acordes, encasillan la situación en viejos esquemas, en el mejor de los casos; y, en el peor, descalifican, agreden y apuestan a la desestabilización.

Para intentar disminuir la importancia histórica de este cambio en el continente, primero utilizaron el sambenito del “populismo”. Todos los candidatos de izquierda son populistas, irresponsables, autoritarios y mentirosos, dijeron.

Cuando la democracia se fortaleció y la economía creció al ganar un gobierno de izquierda, se pasó al otro extremo, y entonces resultó que los gobiernos latinoamericanos de izquierda no eran de izquierda, sino socialdemócratas.

Pues resulta que no, no era cierto lo de populistas y no es cierto lo de socialdemócratas. En realidad, la socialdemocracia latinoamericana, que tuvo importante peso en alguna etapa histórica, se ha derechizado hoy, y está en la oposición a los gobiernos de izquierda. Del Partido Socialdemócrata es el candidato de la derecha empresarial de Brasil, que perdió con Lula; de la socialdemocracia es el mal recordado Carlos Andrés Pérez, en Venezuela; de la socialdemocracia es Óscar Arias, quien desde Costa Rica apoya abiertamente el TLC.

La realidad es, como siempre, mucho más rica que los esquemas. La izquierda latinoamericana se ha transformado en protagonista de la política continental. Son de izquierda los gobiernos de Brasil, Uruguay, Bolivia, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Chile, Argentina, Cuba y Panamá; aunque haya quienes se resistan a reconocerlo. Claro que hay diferencias, por eso este tema continuará.


No hay que caer en la trampa de las etiquetas.

Hace un par de semanas me refería en este mismo espacio a cómo durante la última década se han venido consolidando los gobiernos de izquierda en el continente americano. A manera de síntesis, compartía que la izquierda participa en 11 gobiernos y es segunda fuerza política en otros cuatro países; a ello se suman las 14 elecciones realizadas entre 2004 y 2006, donde consiguió 100 millones de votos; tiene más de 700 parlamentarios y gobierna 65 grandes ciudades, entre ellas, varias capitales.

También decía que, para tratar de ocultar esta realidad, algunos analistas y representantes de la derecha han esgrimido argumentos que van desde la descalificación a todos los dirigentes políticos, catalogándolos como “populistas”, hasta la reciente homologación de los gobiernos de izquierda en la categoría de “socialdemócratas”.

Este último argumento lo escuché del propio vicepresidente de la República, doctor Eduardo Stein, en una reciente entrevista televisiva. Y me sorprendió que fuera él quien utilizara esta categoría para referirse a los gobiernos de izquierda de América Latina.

Por supuesto que las izquierdas latinoamericanas son distintas; tienen historias y presentes diferentes. Pero poseen algunos elementos que las unen: la independencia política ante EE.UU. y las potencias mundiales, la búsqueda de la unidad continental, la instrumentación de políticas sociales que rompen el circuito de acumulación de la riqueza y reparten la renta y el combate a la pobreza.

Pero quizás el elemento principal que los análisis de la derecha y el status quo pretenden ocultar es que, con estos gobiernos, se está procesando democráticamente un cambio de sujetos sociales en el poder político. Más allá de las contradicciones y dificultades, hoy asumen la conducción de sus países los indígenas, campesinos, trabajadores organizados, los pobres y marginados. Se ha procesado un cambio de mando en la sociedad, y eso es lo fundamental.

Por eso no hay que caer en la trampa de las etiquetas. Vale la pena intentar entender nuestra realidad con categorías y pensamiento propios, y no con análisis inspirados en el miedo. Como dice el lingüista y analista estadounidense Noam Chomsky: “En Suramérica, EE.UU. todavía traza una distinción entre los buenos y los villanos. Lula es uno de los buenos. Chávez y Morales son los villanos, y esto notoriamente no es así”.

Ni populistas ni socialdemócratas son la izquierda y el progresismo latinoamericanos; son heterogéneos y diferentes como nuestros pueblos y nuestra geografía, pero se basan en elementos comunes que fundamentalmente privilegian a la persona humana por encima del mercado; procuran el bien común sobre el bienestar individual, y nos consideran ciudadanos y no consumidores.

Fuente: www.prensalibre.com - 230107 y 060207


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