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Estado capturado
Por Marielos Monzón - Guatemala, 27 de febrero de 2007
marielosmonzon@hotmail.com

No basta solamente con la depuración.

El asesinato de tres diputados salvadoreños al Parlacen vino a confirmar, por si alguien lo dudaba, que el Estado guatemalteco está capturado por el crimen organizado. Situación que se hizo absolutamente evidente con la ejecución de los cuatro policías que habían sido detenidos después del múltiple crimen.

Que hablaran era un riesgo demasiado grande, que los capos guatemaltecos y salvadoreños no podían correr; eso también era evidente. Lo sucedido en la cárcel del Boquerón era la crónica de una muerte anunciada, y las autoridades debieron de haberlo previsto. La pregunta es: ¿por qué no lo hicieron?

Para encontrar explicaciones sobre cómo llegamos a esta situación, habría que remontarnos a la época del conflicto armado, donde fue el propio Estado el que creó estructuras paralelas como parte de la estrategia contrainsurgente.

Así, las instituciones clave de los tres organismos del Estados fueron copadas, y a partir de ellas se formaron verdaderas redes de mafia, de terror y los famosos escuadrones de la muerte. Pero la cosa no se quedó allí; garantizar la impunidad fue parte esencial de la estrategia utilizada durante la dictadura.

Poco a poco, aquellos que formaron parte de este poder paralelo fueron tomando conciencia de que éste no sólo servía para “combatir la subversión” sino que les garantizaba la posibilidad de realizar millonarios negocios bajo el amparo de una estructura corrompida hasta los cimientos: tráfico de armas, de drogas, de personas, robo de vehículos y furgones, ingreso de mercancías de todo tipo, adopciones ilegales, prostitución, lavado de dinero.

Y por si fuera poco, este sistema permitía la posibilidad de deshacerse de cualquier persona que resultara molesta por motivos políticos o personales y garantizaba la limpieza social. Estas redes también se conformaron con miembros de la iniciativa privada y de otros sectores civiles.

La paz se firmó, pero estos cuerpos ilegales continuaron intactos y hoy estamos viendo los resultados. Por una parte, nos enfrentamos a un poder paralelo, bien estructurado, con presencia real en todas las instituciones del Estado y con operadores políticos y económicos; por otro lado, vemos cómo estas estructuras son utilizadas por algunas autoridades gubernamentales que siguen creyendo en la limpieza social y en la tortura como método para garantizar seguridad.

Los resultados están a la vista. Esta peligrosa mezcla nos convierte en el terreno propicio para el feminicidio, los asesinatos selectivos, la limpieza social, la guerra entre pandillas, la disputa de territorio, el comercio y la explotación sexuales; pero también abona para criminalizar la protesta y los movimientos sociales y políticos, y garantizar que aquí nada cambie.

Fuente: www.prensalibre.com - 270207


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