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De pérdidas y luchas
Por Marielos Monzón - Guatemala, 7 de marzo de 2007
marielosmonzon@hotmail.com

No importa dónde estemos, seguramente estaremos haciendo lo mismo.

Las pérdidas forman parte de la vida. Eso lo aprendí a los 10 años, con la muerte de mi padre.

Luego se me hizo también evidente en la adolescencia, tras la ruptura del primer amor, y siguió repitiéndose a lo largo de los años, con la partida definitiva o temporal de personas queridas. Lo que también aprendí es que los sentimientos por aquellos que se van, se vuelven más fuertes con el paso de los días y las semanas, y en el medio del dolor se les recuerda con respeto, con cariño y admiración.

Es el proceso de aceptar que ya no están el que más duele, eso es innegable. Pero los años pasan y el tiempo va haciendo lo suyo, y nos conforta o nos conforma, no sé bien.

Llenar el vacío del ausente resulta una tarea ilusoria, porque en el corazón cada quien tiene un lugar irreemplazable. Podemos agregar afectos e ir construyendo nuevos sentimientos, pero el que se va, permanece en la memoria, en el silencio, en el recuerdo.

Hay quienes, sin embargo, nunca se van, y aunque no los vemos, nos acompañan y hasta podemos hablarles. El legado que nos dejan es quizá la fuerza que nos permite avanzar; el ejemplo de vida que nos dieron es la razón más importante que encontramos para seguir adelante.

En Guatemala, las pérdidas forman parte de la cotidianidad. Se pierde al hijo, a la hermana, a la pareja, a la amiga. La guerra, la violencia y la migración, impuestas por la dura realidad económica, nos van dejando solos, nos quitan lo más querido y no lo devuelven más.

Nos quedan los sueños, los lugares comunes, los recuerdos, las cartas escritas de puño y letra, y algunos objetos materiales compartidos; pero se va la posibilidad de tocar y abrazar a las personas y de escuchar nuestro nombre con el tono de su voz. Hay pérdidas irremediables y ante éstas es difícil rebelarse, pero ¿por qué aceptar las que son impuestas por circunstancias que se pueden cambiar?

El 8 de marzo se conmemora el Día internacional de la mujer, y no se puede en esta fecha dejar de recordar el dolor por la pérdida de quienes ya no están, o el dolor de las que están llorando una pérdida. Tampoco se puede hacer a un lado la lucha tesonera de quienes se empeñan en construir la memoria, en alcanzar la justicia, en evitar el olvido, a pesar del sentimiento de impotencia cuando el muro de la impunidad se hace impenetrable.

Este 8 de marzo, por las calles de Guatemala, caminaremos las mujeres exigiendo el respeto a nuestras vidas y a nuestros derechos, y nos acompañarán en el camino la fuerza y el coraje de quienes no están físicamente con nosotras.

Fuente: www.prensalibre.com - 060307


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