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La unidad de la izquierda
Por Marielos Monzón - Guatemala, 20 de marzo de 2007
marielosmonzon@hotmail.com

Presidente Lula: “Nadie dice que la unidad sea fácil, pero es necesaria”.

En América Latina, la experiencia ha demostrado que la unidad tiene como consecuencia inmediata el fortalecimiento político. Lo que no significa que automáticamente la unidad termine con las divergencias, reclamos y hasta posturas encontradas de quienes comparten una ideología.

Lo importante, sin embargo, es la construcción de consensos y la toma de decisiones basadas en la discusión, la reflexión y, finalmente, en la correlación de fuerzas, al interior de un frente amplio. La unidad debiera verse, además, como un objetivo de largo plazo, y no en función de un proceso electoral, porque entonces, en lugar de fortalecer, termina dividiendo.

En Guatemala, en particular, la unidad ha sido una de las carencias históricas de la izquierda. Por supuesto que existen razones que han originado los rompimientos y que hasta ahora no han permitido la conformación de un frente común, razones que deberán examinarse y diferencias que deben dirimirse, pero que no pueden seguir siendo la excusa para que cada quien “jale por su lado”.

En el último tiempo, se han venido construyendo importantes espacios de convergencia y unidad. El Movimiento Amplio de Izquierdas (Maíz) es un esfuerzo clave en esta línea. El acuerdo alcanzado entre Encuentro por Guatemala y el movimiento político Winaq representa también un paso que hay que valorar.

Sin embargo, lo que no se ha logrado es conformar una plataforma común de izquierda. Cada una de las partes tiene sus razones, seguramente hay heridas abiertas que habrá que cerrar a partir de un diálogo franco; probablemente habrá costos políticos que se tendrán que asumir.

A lo mejor habrá quienes tendrán que retirarse a la hora de que se establezcan los parámetros de la acción política, porque ya no se reconocen de izquierda. Pero a lo que no se puede renunciar es a la posibilidad de construir un país diferente, y eso pasa necesariamente, por consolidar una fuerza política progresista, capaz de articular una propuesta común y lo suficientemente madura para desarrollar mecanismos democráticos de toma de decisiones dentro de un frente amplio.

¿No sería un gesto de madurez política –que podría allanar el camino de la unidad– el que, aun sin alcanzar una alianza, se apoyara una única candidatura presidencial de izquierda, aunque para el resto de papeletas se presenten candidatos propios?

Si esto se logra, se habrá dado un paso sólido para demostrar que las intenciones de unidad son firmes y no electoreras, y que estamos dispuestos, como sociedad, a darnos la oportunidad de construir una propuesta de ejercicio del poder que privilegie a la persona humana por encima del mercado, procure el bien común sobre el individual, y nos considere ciudadanos y no consumidores.

Fuente: www.prensalibre.com


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