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Día de las y los trabajadores (II)
Por Marielos Monzón - Guatemala, 8 de mayo de 2007
marielosmonzon@hotmail.com

Eduardo Galeano: “Cada primero de mayo serán resucitados”.

La semana pasada, con ocasión del Día Internacional de los Trabajadores, escribí una columna sobre los hechos que dieron origen a esta conmemoración. Recibí gran cantidad de correos pidiéndome que ahondara en el relato.

Así que hoy quiero compartir con ustedes lo que ocurrió con algunos de los dirigentes gremiales que fueron apresados en 1886 por exigir la reducción de la jornada de trabajo y pedir justicia para sus compañeros asesinados por la Policía.

Tras un proceso plagado de falta de garantías elementales, cinco trabajadores fueron condenados a la horca. El juez, de apellido Gary, denegó la apelación. August Spies, Albert Parsons, Adolph Fisher y George Engel fueron ejecutados. Louis Lingg murió en su celda, poco antes de la ejecución. Samuel Fielden y Michael Schwab cumplieron condenas hasta 1894, ya que el proceso demostró que eran inocentes. Oscar Neebe fue condenado a 15 años de trabajos forzados.

En el tribunal, donde los condenados tuvieron oportunidad de pronunciar discursos previos al cumplimiento de la sentencia, uno de ellos, George Engel, fundador del grupo anarcosindicalista Northwest, señaló, entre otros conceptos: “¿En qué consiste mi crimen? En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social donde sea imposible que mientras unos pocos amontonan millones, otros viven en la degradación y la miseria (...).

No combato individualmente a los capitalistas, sino al sistema que produce sus privilegios.

Desprecio el poder de un gobierno inicuo. Desprecio a sus policías y a sus espías”.

La lucha por el límite de ocho horas de la jornada diaria no sólo no se detuvo, sino que asumió nuevos impulsos. En el primer Congreso de la Segunda Internacional de julio de 1889 se adoptó la resolución de llevar a cabo manifestaciones simultáneas en varios países, para reclamar la adopción de leyes que aceptaran las demandas obreras.

Poco tiempo después, esto se hizo realidad en muchos lugares del mundo. Creada la Organización Internacional del Trabajo, en el año 1919, sus primeras acciones se destinaron, precisamente, a recoger la reivindicación que había costado la vida a los trabajadores de Chicago.

Resulta increíble, sin embargo, que 121 años después de la huelga general de trabajadores en EE.UU. para exigir jornadas de ocho horas de trabajo, ésta siga siendo una materia pendiente en muchos países del mundo, incluida Guatemala.

Termino con un fragmento del libro Memorias del fuego, de Eduardo Galeano: “José Martí escribe la crónica de la ejecución de los anarquistas en Chicago. La clase obrera del mundo los resucitará todos lo primeros de mayo. Eso todavía no se sabe, pero Martí siempre escribe escuchando, donde menos se espera, el llanto de un recién nacido”.

Fuente: www.prensalibre.com


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