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Por Marielos Monzón - Guatemala, 29 de mayo de 2007
marielosmonzon@hotmail.com

La izquierda uruguaya sacó de la pobreza a 215 mil personas en sólo dos años.

El triunfo de gobiernos de izquierda en varios países de América del Sur fue reflejado por la Prensa, con temor, y anunciando catástrofes de todo tipo, en particular “el caos económico”.

Esas predicciones no sólo no se cumplieron, sino que ocurrió lo contrario, pero como sólo se cuentan los problemas de los gobiernos de izquierda y no sus logros, parece que nada hubiera pasado.

Tomemos como ejemplo a Uruguay. El gobierno del Frente Amplio (FA), en dos años, demostró que se puede gobernar para la gente y se pueden cambiar las prioridades y favorecer a los excluidos.

Uruguay había quedado, luego de la aplicación de recetas neoliberales, con un panorama desolador. Cuando asumió el FA, en 2004, había 127 mil 47 personas en pobreza extrema. En sólo dos años, el gobierno de izquierda logró sacar de la indigencia a 73 mil personas y de la pobreza a 215 mil.

Este abatimiento de las situaciones sociales más dramáticas fue posible por el crecimiento sostenido de la economía y la inversión, y por primera vez, complementado con una intervención del Estado, dirigiendo recursos a los sectores más necesitados: aumentando el salario mínimo nacional, estableciendo la negociación salarial obligatoria por rama de producción e implementando el Plan Nacional de Atención a la Emergencia Social y la reinserción en el mundo laboral, para romper el círculo de reproducción de la pobreza.

El gobierno de izquierda también ha logrado la reducción del desempleo que ahora está en 9.7 por ciento. El 95 por ciento de los nuevos puestos de trabajo son en la economía formal, con salarios regulados y aportes sociales y de jubilación garantizados. Por primera vez en 20 años, se ha producido una recuperación del salario real, del 15 por ciento.

Además, se ha incrementado la inversión pública; los servicios que están en manos del Estado producen ganancias, y los recursos que se obtienen se vuelcan a la inversión social.

El presupuesto de la educación, al finalizar este mandato, será del triple de cuando la izquierda asumió. Se instrumentó el Plan Ceibal, que implica entregar una computadora con Internet a cada niña y niño de la escuela pública uruguaya, de aquí a 2009, para mejorar su capacidad educativa.

El propio Gobierno uruguayo reconoce que falta mucho por hacer. El presidente Tabaré Vázquez, que es médico, expresó: “Encontramos al país en cuidados intensivos; hicimos lo que hay que hacer con un enfermo terminal, devolverle sus funciones vitales”. Lo diferente, lo nuevo, es que la reconstrucción se hizo con prioridades diferentes, demostrando que el Estado puede y debe intervenir en la economía, y debe hacerlo por los más pobres. No es una revolución, pero es un cambio enorme y vale la pena que se conozca.

Fuente: www.prensalibre.com


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