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Casas de cartón
Por Marielos Monzón - Guatemala, 25 de septiembre de 2007
marielosmonzon@hotmail.com

Sobreviviente del deslave en Lomas del Edén, zona 5: “De pronto, la casa se nos vino encima y no volví a ver a mis hijos”.

Otra vez la tragedia enlutó a Guatemala. Es la crónica de una muerte anunciada. Llueve con fuerza y las autoridades pronostican deslaves e inundaciones con la consabida cuota de muertos y desaparecidos.

Pero en el fondo no pasa nada. Se rescatan los cuerpos, se habilitan albergues, se reportan las víctimas y las cosas continúan igual, a la espera del próximo aguacero.

Y es que la lluvia, como casi todo en Guatemala, tiene una connotación diferente cuando se sufre en una casa de cartón. Los techos de lámina y las paredes de periódicos escurren por todos lados, los niños y los ancianos enferman durante casi todo el invierno, y no existe siquiera un momento de tranquilidad mientras se piensa, entre retumbos, que la casa se viene abajo.

“Por suerte, el invierno ya se va, y si Dios lo permite, vamos a salir con vida”, me decía una mujer ayer, mientras secaba lo poco que rescató de su casa anegada. “La gente tiene la culpa. ¿Para qué se van a vivir allí, si ya saben que es un barranco y que no es seguro? Eso es producto de su propia irresponsabilidad”, comentaba, horas más tarde, un hombre a la mitad de la calle.

“Habiendo tanto apartamento en venta, ¿cómo se les ocurre vivir en las villas de miseria?”, pensé que iba a decir en cualquier momento, pero otra amiga se apresuró a contestarle: “¿Y a dónde quiere usted que se vaya la gente, si aquí no hay proyectos de vivienda popular para las familias pobres?”. El hombre abrió los ojos y no contestó, nos dedicó una mirada de reproche y se marchó.

Nuevamente, se me dibujó Guatemala: la del Estado ausente, la de la gente resignada a la voluntad divina, la de quienes piensan que es el pobre el único responsable de su condición, por inútil y haragán. Otra vez las dos Guatemalas: la que disfruta del sonido de la lluvia, y la que la sufre y lo pierde todo.

Los medios reportan al menos cinco muertos y seis desaparecidos en la última semana; los números irán en aumento en la medida en que los cuerpos de rescate logren llegar a los lugares a los que hoy no se tiene acceso.

Los nombres de las víctimas engrosarán los listados que empezaron con el huracán Mitch y continuaron con la tormenta Stan. Y la ausencia de Estado se hará otra vez evidente, y las preguntas sobre las acciones de ayuda a las víctimas y las estrategias de prevención quedarán otra vez con la misma respuesta: “Estamos trabajando, pero no es fácil en cuatro años resolver los problemas estructurales del país”.

Nadie dice que sea fácil, pero el círculo no se rompe. La gente sigue muriendo y nosotros seguimos viviendo sin prestar atención a la realidad que nos estalla frente a los ojos: somos el segundo país más desigual de América Latina, pero mientras mi techo sea seguro y la casa de cartón no sea la mía, aquí no ha pasado nada.

Fuente: www.prensalibre.com


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