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Vacaciones en la Luna
Por Marielos Monzón - Guatemala, 17 de junio de 2008

Este sábado 14 de junio, Ernesto Che Guevara hubiera cumplido 80 años. Sobre él se han escrito ríos de tinta; en especial, en torno a su compromiso social y político. Hoy, que en Guatemala se celebra el Día del Padre, es un buen momento para compartir con ustedes otra faceta del Che, a través de algunos fragmentos de las cartas que escribió a sus hijos, desde lugares lejanos y en momentos difíciles. Haber estado pendiente de ellos, a pesar de encontrarse en medio del conflicto o atendiendo tareas políticas al más alto nivel, nos da una lección de vida.

Lo que sigue es un extracto de una carta enviada por el Che desde el Congo a sus cuatro hijos: Aleida, quien estaba próxima a cumplir 6 años; Camilo, quien ya tenía 3, Celia de casi 2 y Ernesto de pocos meses de nacido. “Mis queridos Aliusha, Camilo, Celita y Tatico: Les escribo desde muy lejos y muy aprisa, de modo que no les voy a poder contar nuevas aventuras. Es una lástima porque están interesantes y Pepe el Caimán me ha presentado muchos amigos. Otra vez lo haré. Ahora quería decirles que los quiero mucho y los recuerdo siempre, junto con mamá, aunque a los más chiquitos casi los conozco por fotografías porque eran muy pequeños cuando me fui. Pronto me voy a sacar una foto para que me conozcan como estoy ahora; un poco más viejo y feo. Esta carta va a llegar cuando Aliusha cumpla seis años, así que servirá para felicitarla y desearle que los cumpla muy feliz. Aliusha, debes ser bastante estudiosa y ayudar a tu mamá en todo lo que puedas. Recuerda que eres la mayor. Tú, Camilo, debes decir menos malas palabras, que en la escuela no se pueden decirlas y hay que acostumbrarse a usarlas donde se pueda. Celita, ayuda siempre a tu abuelita y sigue siendo tan simpática como cuando nos despedimos, ¿te acuerdas? A que no. Tatico, tú crece y hazte hombre que después veremos qué se hace. Si hay imperialismo todavía salimos a pelearlo; si eso se acabó, tú, Camilo, y yo podemos irnos de vacaciones a la Luna”.

Años más tarde, cuando ya había nacido la quinta de sus hijas, Hilda, el Che escribió una carta de despedida, que dice así: “Queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto: Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre ustedes. Casi no se acordarán de mí y los más chiquitos no recordarán nada. Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones. Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier lugar del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario. Hasta siempre, hijos, espero verlos todavía. Un beso grandote y un gran abrazo de papá.”

A propósito de su natalicio, el vicario general de La Habana, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, escribió una columna sobre el Che. Por razones de espacio cito únicamente el párrafo final, el texto completo puede leerse en el sitio Che80: “Casi todo en el Che debería ser contemplado a la luz de su opción coherente y radical por los pobres; de su pasión por lo que solemos llamar “justicia social”. Tan coherente y radical, tan acerina fue su pasión, que lo llevó a la ofrenda de su propia vida. Y cuando un hombre entero llega a esos extremos, las discrepancias con él adquieren otro tono, pues tal hombre merece no solo respeto, sino también admiración entrañable.”

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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